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25 centavos

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Qué pena que vivamos en una sociedad marcadamente individualista, egocéntrica y competitiva, que solo busca el bien propio dejando de lado olímpicamente el bien común. Qué pena que no predominen a través del orbe ejemplos reales de solidaridad, amor al prójimo, desprendimiento, humildad y amor puro y desinteresado que despierten fe, esperanza y deseos de imitar, para que haya perspectiva de un mundo mejor.

Qué pena que, en cambio, la gente consuma a diario las listas de los hombres y mujeres más ricos del mundo, de los más poderosos, de los más bellos, de los mejores vestidos y la exaltación de sus propiedades de lujo y sus excentricidades producidas por el derroche obsceno de dinero para mitigar y satisfacer sus caprichos banales. Pero, lo que más pena y hasta vergüenza ajena me da, es que esos sean los ejemplos a seguir e imitar para casi que el resto de toda la humanidad… ¿Es eso todo lo que nuestro intelecto (sobrevalorado en grado sumo por el propio ser humano) puede promover, provocar y originar?  Si es así, definitivamente se nos ha resfriado el alma, empobrecido el espíritu y achicado el corazón.

Narra una historia que hace años un ministro religioso se mudó para Houston, Texas. Estando allí, poco tiempo después, tomó un autobús para ir al centro de la ciudad. Al sentarse, descubrió que el chofer le había dado una moneda de 25 centavos de más en el cambio.

Mientras consideraba qué hacer, pensó para sí mismo: “¡Ah!, olvídalo, total, son sólo 25 centavos. ¿Quién se va a preocupar por tan poca cantidad? De todas formas, la compañía de autobús recibe mucho de las tarifas y no la echarán de menos. Acéptalo como un regalo de Dios”. Pero cuando llegó a su parada, se detuvo y, pensando de nuevo, decidió finalmente darle la moneda al conductor diciéndole: “Tome, usted me dio 25 centavos de más”. El conductor, con una sonrisa en sus labios, le respondió: “Sé que es el nuevo ministro. He pensado regresar a la Iglesia y quería ver qué haría usted si yo le daba cambio de mas”… El ministro se bajó del autobús sacudido por dentro y dijo: “¡Oh Dios!, por poco vendo a tu Hijo por 25 centavos”.

Tal cual la prueba del conductor del autobús, yo realizo esta columna hoy con la esperanza de despertar la conciencia de quien la lee y que juntos apostemos a demostrar, con el ejemplo, que queremos vivir en un mundo mejor…  ¿Qué vas a hacer ahora tú con estos ‘25 centavos’?

 

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