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¿A cuánto la queja?

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Tab Machado

¿A cuánto se cotizan las quejas en el mercado de valores? ¿¡Que no tienen ningún valor!? Entonces de verdad no entiendo a todos aquellos que pasan su vida quejándose amargamente por que las cosas no son como ellos desean, quieren o buscan… Realmente pensé que tenían alguna cotización en el mercado o que daban algo a cambio de ellas pero, al saber que quejarse no tiene ningún rédito ni beneficio, me pregunto porque la gente siempre está reclamando o lamentándose por algo. ¿Será que en vez de procurar soluciones para su vida se conforman tan solo con poner excusas?

El ser humano gasta más energía durante toda su vida quejándose por lo que le ocurre, que esforzándose por superar sus errores o carencias. De esta manera las personas siempre están  sumidas en un círculo vicioso por lo que quejarse y lamentarse pasa a ser su forma de vida y lo asumen con una naturalidad que asusta.

Lo lamentable es que los hábitos son difíciles de combatir y, cuanto más están en nosotros, mas los utilizamos. De este modo las personas que se habitúan a quejarse, primero lo hacen por lo malo que les ocurre y después la costumbre los lleva a quejarse hasta por lo bueno que tienen. Es decir se quejan si les va mal y se quejan también si les va bien, porque les podría ir mejor…

Cuenta una historia que un sabio estaba muy cansado de escuchar las quejas de su aprendiz. Con la intención de enseñarle algo, lo envió a buscar algo de sal. Cuando regresó, le pidió que tomara un poco de la sal y la echara en un vaso de agua, para luego beberla.

“¿Que tal sabe?”, preguntó el maestro. “¡Amarga!”, respondió el aprendiz. El maestro, con una sonrisa en la cara, le pidió que fueran a un lago cercano y una vez allí le dijo que lanzara la misma cantidad de sal al lago.

El aprendiz arrojó la sal y el sabio le dijo: “Ahora bebe del lago. ¿A qué sabe?” “Fresca”, respondió el aprendiz después de tomar el agua…

“¿Te supo a sal?”, inquirió nuevamente el sabio. “No, en absoluto”, dijo el aprendiz. Entonces, el maestro le dijo: “El dolor que hay en la vida, es pura sal. La cantidad de dolor siempre es la misma, pero el grado de amargura que probamos, depende del recipiente donde dejamos la pena. Así que, cuando sientas dolor, lo único que debes hacer es agrandar tu sentido sobre las cosas, pasando de ser un vaso de agua, a convertirte en un lago”…

Termina hoy mismo con el hábito de quejarte por todo lo que te ocurre ya que nada es lo bastante lúgubre como para vivir amargado, así como tampoco son todo rosas en el camino de la vida… Dale a cada cosa su justo valor y abstente de quejarte, más bien duplica tu esfuerzo ante los yerros para que las cosas sean como tú las has soñado y planificado anteriormente.

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