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¿A quién le importa?

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Es Domingo, es Febrero, es invierno… Mientras busco inspiración para poder llegar coherentemente hasta ti, me acerco a esa gigantesca pantalla que me ha regalado la vida (llamada ventana) y veo al mundo discurrir indiferente…

Por allí van los últimos feligreses muy bien ataviados y corriendo, a los tropezones, para no perderse el sermón de las once que expiará sus almas. Un poco más allá, varios despistados se aprovisionan y atiborran con urgencia de comida, porque dicen que esta tarde es el Super Bowl y hay que llegar a casa rápido para, en 10 minutos y gracias a la magia del internet, pasar de lego a experto de un deporte que poco nos interesa pero que, en esta ocasión, nos permitirá (aunque sea por unos instantes) “ser parte de”…

En la esquina, mientras tanto, se detiene una pareja que discute amargamente porque en unos días más llegará Don Valentín y el amor se debe de expresar con un costoso regalo para poder demostrar vía Facebook, a todos los “amigos” cibernéticos, lo bien que estamos y nos sentimos…

Sí, claro, también puedo ver que es invierno, los arboles están desnudos y el frío enrojece las mejillas, vaporiza el aliento y congela el alma… igual que todo lo que se ve alrededor.

De pronto me doy cuenta con angustia, desesperación y tristeza que tan solo tres pinceladas rápidas, de colores opacos, han bastado para encuadrar y definir en qué y cómo han llegado a converger 10,000 (¡DIEZ MIL!) años de pretendida y pomposa ‘civilización’ y ‘culturización’ del ser humano y su insípida aspiración, afán y ambición de  poder ‘vivir mejor’…

Mientras vuelvo a sentarme frente a este escrito, que me exige criterio, me pregunto a cuantos les interesa, hoy, que el mundo verdadero se desgarre ahí afuera, que la naturaleza muera inexorable en pro del progreso (¿de qué, de quienes?), que el hambre ahogue la garganta de millones, que el color de la piel sea motivo de rechazo y xenofobia, que las fronteras terrestres hayan resfriado y empequeñecido el alma enardeciendo un brutal, fulminante y radical nacionalismo que no conduce a nada y favorece a unos pocos (los de siempre), que el hablar diferente se vea como provocación, que la cultura y la educación se vean como debilidades y no fortalezas, que los que gobiernan prefieran embrutecer que abrir la mente para manejar las masas a su antojo y que el marketing nos haya hecho creer que es mejor poseer y acaparar que dar, que es más importante el yo que el nosotros y que la pasión y la necesidad del espíritu tiene que ir a parar a un bolsillo para alcanzar un milagro que nunca llega…

Es Domingo, es Febrero, es invierno y yo me pregunto (al igual que la tonada de la canción)  ¿A quién le importa lo que yo haga? ¿A quién le importa lo que yo diga?…

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