Al final… ¡lo primero es la familia!

Tab Machado

Tab Machado

Este domingo es el día internacional de la familia y es un buen momento para reflexionar sobre la importancia que ésta tiene en la conformación de la sociedad humana. Haciendo un rápido ejercicio de memoria personal, que creo todos deberíamos hacer para ver cómo y de qué manera influye la familia en nuestro diario vivir, buceé profundamente en mi interior para poder encontrar las palabras que me permitiesen explicarles porque, para mí, este grupo vital de la sociedad se debería de conformar siempre desde el corazón y no simplemente por decantación a partir de la herencia sanguínea.

Nací en un pueblo de tan solo 5000 personas, donde todos se cuidaban y protegían con diligencia, afecto y estima. Tuve dos padres excepcionales que criaron a sus hijos de acuerdo a sus creencias y valores y también parientes y vecinos que reforzaron la importancia de la educación, el respeto y el sentimiento de apoyo incondicional hacia los demás sin preguntar: qué, cómo, cuándo, dónde o porqué…

Tuve que salir de allí a los 16 años para continuar con mis estudios pero aún hoy, después de tanto tiempo, siento un sentimiento de pertenencia enorme hacia esa gente (mi familia grande) con la cual me crié y aprendí la importancia de los valores morales y espirituales que han sido la guía y base de mi ajetreada existencia.

La vida me puso varias pruebas más para que aprendiese y tatuase en mi corazón la importancia del amor y el respeto como base y sostén de cualquier núcleo familiar, más allá incluso que el lazo sanguíneo, la distancia, el espacio o el tiempo. Fui, por ejemplo, lo que yo llamo ‘inmigrante inverso’, ya que quedé solo en mi país porque mi familia ascendente emigró lejos.

Padecí en aeropuertos mil despedidas hasta aprender que no es la distancia (corta o larga) la que nos une o separa. Perdí a mi padre una aciaga mañana pensando que eso desmembraba definitivamente a mi familia, para darme cuenta después que el amor de verdad no tiene espacio, ni tiempo (cosa que reforcé y galvanicé en mi alma con el paso del tiempo y las vicisitudes de la vida actual). Emigré también, para darme cuenta luego que la utopía de la sangre no es el punto real de unión familiar.

Ensanché y disminuí mi familia varias veces (eso nos pasa a todos), hasta entender que hay tan solo cuatro cavidades en mi corazón y en ellos entran únicamente mi esposa, mis hijos, mi madre y los afectos que me ha regalado la vida y que son realmente verdaderos ya que son fraguados y alimentados por el amor más puro y real que exista en el universo…

Y aquí voy… consciente y feliz de entender que solo el amor y nada más que el amor es lo que hace posible formar, mantener y perdurar indemne a través del espacio y el tiempo, a ese núcleo vital de la sociedad humana. Y si… no hay duda, al final: ¡Lo primero es la familia!

 

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