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Ama la vida y ella te amará a ti…

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Tab Machado

No corras, ni te desesperes y mucho menos te frustres mientras persigues un ideal y el mismo no se consigue, más bien saborea y disfruta los pequeños avances que consigues hacia tu objetivo, capitalizando también como experiencia los reveses que cosechas, porque la vida merece ser vivida paso a paso, con sus luces y sombras, ya que de ambos lados se enriquece tu espíritu y se templa tu alma.

Mientras media humanidad cree que ser feliz es mantenerse siempre en un estado embriagador de triunfos y logros personales que amontonen en nuestras alforjas millones de bienes materiales la otra mitad, que si tiene esa posibilidad, tampoco es feliz sin poder explicarse el porqué…

Es que la formula de la felicidad es tan simple que, justamente por ello, es muy esquiva para todos. Basta tan solo con entender que la vida debe de ser vivida de tal manera que tu pases por ella y no que ella pase por ti, para darte cuenta de todo… Si aprendes a valorar tus logros, por pequeños y simples que sean, habrás dado un gran paso en la búsqueda de la felicidad completa y si, en el momento de los reveses, te das tiempo para asimilarlos y convertirlos en combustible para que tu indómito espíritu te lleve de nuevo al lugar que quieres, entonces podrás saborear permanentemente la porción de dicha que te corresponde, porque habrás entendido que la felicidad no es una meta sino un camino…

Cuenta una historia que un profesor fue invitado a dar una conferencia en una base militar y en el aeropuerto lo recibió un soldado llamado Ralph.  Mientras se encaminaban a recoger el equipaje, Ralph se separó del visitante en tres ocasiones: primero para ayudar a una anciana con su maleta, luego para levantar a un niño pequeño que se había caído y lastimado una rodilla y después para orientar a una persona.  Cada vez que regresaba nuevamente con el profesor lo hacía con una sonrisa en el rostro.

“¿Dónde aprendió a comportarse así?”, le preguntó el profesor. “En la guerra”, contestó Ralph. Entonces le contó su experiencia en Vietnam. Allá su misión había sido limpiar campos minados. Durante ese tiempo había visto cómo varios amigos suyos, uno tras otro, encontraban una muerte prematura.

“Me acostumbré a vivir paso a paso”, explicó. “Nunca sabía si el siguiente iba a ser el último; por eso tenía que sacar el mayor provecho posible del momento que transcurría entre alzar un pie y volver a apoyarlo en el suelo. Me parecía que cada paso era toda una vida”.

Aprende a ir paso a paso, saboreando cada segundo de tu existencia, haciendo que valga la pena vivir y que contagies con tu espíritu a todo aquel que te rodea…

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