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Anacronías e incongruencias

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Tab Machado

Vivir en un mundo anacrónico e incongruente como el que vivimos hoy es muy difícil… estresante diría yo. Resulta que parece estar todo al revés y fuera de tiempo: si una persona es educada y gentil se la ve como débil o tonta ante aquel que transgrede permanentemente las reglas de urbanidad en forma grosera. Si alguien trabaja mucho y no exige una compensación acorde a su dedicación, es sobrepasado o dejado tristemente atrás por aquellos que hacen poco pero exigen mucho (lo peor es que los segundos son los compensados en forma inmediata con tal de que no estén todo el día dando quejas, mientras los primeros aguardan paciente e ilusamente confiados en

su labor). Del mismo modo el amiguismo o la adulación parece que pueden más que la capacidad intelectual o la perseverancia y, para colmo de males si es que todo esto ya no es suficiente, hay personas que creen que basta haber oído diez veces hablar sobre un mismo tema para ser expertos en el mismo.

Esto me recuerda una excelente anécdota que cuenta que en los años 20, cuando Albert Einstein empezaba a ser conocido por su teoría de la relatividad, era con frecuencia solicitado por las universidades para dar conferencias. Dado que no le gustaba conducir y sin embargo el coche le resultaba muy cómodo para sus desplazamientos, contrató los servicios de un chofer.

Después de varios días de viaje, Einstein le comentó al chofer lo aburrido que era repetir lo mismo una y otra vez. “Si quiere”, le dijo el chofer, “le puedo sustituir por una noche. He oído su conferencia tantas veces que la puedo recitar palabra por palabra.”

Einstein aceptó el trato y, antes de llegar al siguiente lugar, intercambió sus ropas con el chofer poniéndose al volante mientras el hombre pasaba a ocupar su lugar. Llegaron a la sala donde se iba a celebran la conferencia y, como ninguno de los académicos presentes conocía a Einstein, no se descubrió el engaño.

El chofer expuso la conferencia que había oído a repetir tantas veces a Einstein palabra por palabra. Al final, un profesor en la audiencia le hizo una pregunta. El chofer no tenía ni idea de cual podía ser la respuesta, entonces contestó: “La pregunta que me hace es tan sencilla que dejaré a mi chofer, que se encuentra al final de la sala, que se la responda”…

Repetir simplemente palabras o procedimientos es tan fácil que cualquiera puede hacerlo, lo difícil es tener el conocimiento exacto para poder sostener lo que uno dice con argumentos sólidos e irrebatibles y llevar al éxito las empresas que emprende…

Lamentablemente, aunque parezca increíble, en nuestra sociedad moderna (tan falta de criterio, raciocinio y preparación adecuada)  prevalece lo vulgar sobre la educación, el amiguismo sobre la capacidad y perseverancia, las estridencias sobre la armonía y las personas que dicen ser lo que no son sobre las que realmente se han preparado para serlo. Pero, sin duda alguna, la mayor morbosidad y vergüenza del mundo de hoy es que haya personas que acepten y prefieran este anacronismo social, tan solo para ocultar su ineptitud, exaltar su despotismo, nivelar hacia abajo su incapacidad intelectual y lisonjear su muy venido a menos e inseguro ego.

Hay un adagio al que deberías prestar atención y que dice: “El que no sabe y no sabe que no sabe, es un necio, ¡apártate de él! El que no sabe y sabe que no sabe, es hombre sencillo ¡instrúyelo! El que sabe y no sabe que sabe, está dormido ¡despiértalo! El que sabe y sabe que sabe, es un sabio ¡síguelo!”

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