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Año bisiesto… ¿Año siniestro?

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Las venturas y desventuras asociadas a los años bisiestos han desvelado desde siempre a los supersticiosos de todo el mundo y este febrero, extendido por obra y gracia de un caprichoso 29, traerá nuevamente viejos mitos que avivan la polémica sobre si son realmente siniestros los años bisiestos…

Tradicionalmente los años bisiestos han sido considerados de poca fortuna e, incluso, los refranes populares hablan de las siembras pobres y de “hambre que entra en el cesto”. Es por eso que entre los supersticiosos de todos los tiempos se ha creído que no son buenos los años bisiestos y antiguamente se los asoció con el hambre y la peste. Los más crédulos y los que reafirman esta teoría incluso se han empeñado en revisar la historia buscando grandes catástrofes acontecidas en esos años.

Algunos recuerdan que en 1932 un temblor mató mil 500 personas en Cuba, que en 1904 (otro desafortunado año bisiesto) estalló la guerra entre Japón y Rusia. Sin embargo, no existen marcas especialmente luctuosas que justifiquen la mala fama de estos años de 366 días. Mucho menos datos científicos que los vinculen con la mala fortuna. Y tampoco han sido tan amargos como para merecer los calificativos y estigmas que les adjudica el refranero hispano, del tipo “año bisiesto, año siniestro”. Además, ¿en qué año no ha sucedido algún desastre?

La paranoia a veces llega a ser tal, que a fines de diciembre del 2007 solo se oían malos presagios acerca del nuevo año. Incluso en el registro civil de Kiev, capital de Ucrania, se recibieron nada menos que 2,367 solicitudes de boda para el ultimo día del año como forma de evitar casarse en el 2008, señalado fatídico por ser bisiesto.

Pero… ¿porque se agrega cada cuatro años un día mas y porque la gente dice que son malos? Un año es bisiesto si dura 366 días, un día más que en un año común. Ese día adicional se suele añadir al final del mes más corto, fechándose como 29 de febrero y se añade para corregir el desfasaje que existe con la duración real de los años: 365 días y 6 horas aproximadamente. Esto hace que el tiempo se corrija cada cuatro años (los años múltiplos de cuatro) en los que se acumulan 24 horas extras. La regla para los años bisiestos según el calendario gregoriano es: Un año es bisiesto si es divisible por 4, excepto el último de cada siglo (aquellos divisibles por 100), que para ser bisiestos, también deben ser divisibles por 400.

Es decir los años que sean divisibles por 4 serán bisiestos; aunque no serán bisiestos si son divisibles entre 100 (como los años 1700, 1800, 1900 y 2100) a no ser que sean divisibles por 400 (como los años 1600, 2000 o 2400).

En cuanto al porqué se piensa que son nefastos estos años es muy sencillo y se aplica a la lógica popular que todo lo que es diferente tiene posibilidades de ser malo y basta un simple suceso que lo respalde levemente para que la gente se afirme en una creencia. Es así que un solo suceso malo en un año bisiesto refuerza la teoría de que todos son malos

En cuanto a curiosidades de los años bisiestos se podría decir que en Inglaterra, por ejemplo, existía la costumbre según la cual en el curso de los años bisiestos las jóvenes podían dejar la reserva impuesta por la tradición y pedir la mano del joven con quien desearan casarse. Al parecer, cualquier doncella, fuese de alta o baja condición, tenía libertad durante los años bisiestos de proponerle matrimonio al hombre elegido y si el mancebo se negaba, debía indemnizarlas.

Al parecer, fue San Patricio el inventor de tan romántica costumbre. Dice la creencia pagana, que el santo paseaba cuando Santa Brígida llorando le mencionó que las mujeres de Kildare estaban desoladas porque había pocos hombres que quisieran casarse con ellas y por lo tanto reclamaban el derecho de hacer ellas mismas las proposiciones. San Patricio contestó que estaba de acuerdo en acceder a sus deseos, pero sólo un año de cada siete. La santa lloró y rogó que fuera un año de cada cuatro. San Patricio accedió diciendo: este año será bisiesto para que tus mujeres dispongan de un día más para poner en ejecución sus dulces proyectos. Como ese año era bisiesto, Santa Brígida le pidió la mano al santo y él la declinó regalándole un vestido nuevo.

Un poco de Historia

Antes de que nuestro calendario actual entrara en vigencia hay una larga historia de intentos por medir el tiempo. El calendario Juliano fue el paso previo del actual y los romanos a su vez tuvieron un almanaque de 304 días y luego uno de 355. Existían los meses mercedonius que se introducían para sortear desajustes temporales y los meses tenían una cantidad de días impar, porque los romanos, muy supersticiosos, pensaban que los pares eran de mala suerte. Cada dos por tres surgían nuevas modificaciones para incorporar los días que se perdían. El caos era tal que se conoce al año 46 a.C. como “el año de la confusión”. Las fiestas de Primavera podían caer en verano y la Iglesia se desvelaba para determinar cuándo celebrar la Pascua y otras festividades religiosas móviles como la Semana Santa.

Entonces era imposible que los romanos sintiesen la medición del tiempo como algo seguro, objetivo y estable, puesto que el calendario sufría anualmente variaciones que dependían del capricho de los sacerdotes. La recolección de impuestos era uno de los factores que influía en las adaptaciones del calendario ya que para adelantarla o retrasarla, según la conveniencia, los economistas de la época sacaban o agregaban días a su criterio.

Por otra parte, los desplazamientos del calendario religioso–civil respecto del tiempo astronómico eran tan notorios que las fiestas de marcado carácter agrícola (como la siega o la vendimia) acababan cayendo muy lejos de aquello que se celebraba y las estaciones quedaban desplazadas de forma patente.

Los romanos determinaron también que febrero tuviera 28 días, que Julio se llamara así en honor de Julio César y Agosto en nombre del emperador Augusto. Pero si ambos eran igualmente importantes merecían tener la misma cantidad de días. Desde entonces se quitó un día a Febrero que se quedó con 28 y así Julio y Agosto quedaron con 31 días.

¿Son catastróficos los años bisiestos?

Nada como las imágenes del Dios Cronos (que se devora a sí mismo y a los hombres) proporcionada por la mitología griega para representar la angustia que envuelve a los seres humanos ante el inexorable paso del tiempo. Ante su paso implacable los seres humanos han creado los calendarios como una forma de organizar mejor las tareas y los tiempos. Como herramienta, el calendario no tiene sentido metafísico ni cósmico, es más, ningún calendario tendría el más mínimo sentido fuera del planeta Tierra.

En cuanto al famoso 29 de febrero y los años bisiestos, por más que exista una cantidad de refranes para contradecirlo, no hay por qué catalogarlos de funestos. Entonces, ¿por qué un inocente 29 de febrero, que sólo sirve para adecuar el año solar al año cronológico habría de despertar tantos temores?

Según la creencia popular a los años bisiestos se les atribuye tragedias, dificultades y hasta mala suerte, pero no hay ninguna fundamentación científica que sustente esas prevenciones. Se sabe que, a pesar de las impresiones negativas, los años bisiestos pueden ser buenos o malos, alegres o aburridos, igual que cualquier otro periodo del calendario. Lo cierto es que estas anomalías de las calendas han dado que hablar en todas las épocas y dado pie a las más diversas costumbres, leyendas y tradiciones que el ser humano se encarga de exacerbar cada vez que tiene ocasión… Febrero tendrá este año un día más, pero el año forzosamente no será malo ni siniestro, dependerá de cuanto hagamos cada uno de nosotros para disfrutarlo de la mejor manera posible…

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