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Aun hay una esperanza…

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Tab Machado

En este largo peregrinar por la vida puedo afirmar que una de las satisfacciones más grandes que he podido disfrutar, es el de poder comunicarme con ustedes a través de esta columna y puedo asegurarles que cada vez que me siento frente a al papel que espera ser llenado de palabras más o menos coherentes, solo puedo hacer una cosa: acallar mi mente y dejar hablar a mi corazón…

Lamentablemente vivimos en una sociedad marcadamente individualista, egocéntrica y competitiva, que solo busca el bien propio dejando de lado el bien común para el que fuimos creados, por lo que muchas veces el escrito es remarcando fuertemente nuestros defectos para que, enfrentados a ellos, podamos superarlos.

Ejemplos reales de solidaridad, amor al prójimo, desprendimiento, humildad y amor puro y desinteresado que despierten fe, esperanza y perspectiva de un mundo mejor cuesta encontrarlos, por lo que hemos recurrido a mostrar al ser humano en su propio espejo que es esta sociedad moderna para que, viendo en que nos hemos convertido como especie viviente, definitivamente tomemos conciencia y podamos cambiar nuestro rumbo… Claro que es predicar en el desierto o dejar caer unas pocas gotas de agua al mar, pero el corazón dicta que eso es lo que se debe de hacer y allí vamos…

Sin embargo la vida a veces nos regala, aunque sea en cuenta gotas, actos sublimes de amor al prójimo, de solidaridad y de valores humanos que creíamos agotados, que nos devuelven la fe nuevamente y nos hace sentir que aun hay esperanza para la humanidad y una luz al final del túnel… Y ese milagro (que debería ser el común denominador de la vida) sucedió hace pocos días atrás, en el mes de diciembre, cuando pude conocer a Víctor y a Alejandro, dos jóvenes que nos demostraron con hechos y no palabras que aun hay esperanza para nuestra sociedad humana…

Víctor padecía una enfermedad renal por lo que debía de dializarse periódicamente y esperar un donador para poder superar su mal. Alejandro, amigo de la infancia de Víctor, se enteró del problema  y, sin dudarlo un instante, ofreció uno de sus riñones para la salvación de su amigo. La acción es impresionante, sobrecogedora, increíble, revitalizadora y esperanzadora. Víctor fue un pilar de la niñez de Alejandro y Alejandro se convierte en un pilar del presente de Víctor…

Podríamos escribir seguramente un libro entero acerca del altruismo y los valores espirituales que rodean el hecho, pero creo que este impresionante acto de amistad, respeto y solidaridad, repleto de valores espirituales en un mundo frio y egoísta como el de hoy, es un canto de fe y esperanza que resalta mas por el hecho en sí que por todas las palabras que nosotros le agreguemos.

Es difícil no conmoverse ante la magnificencia del hecho por eso, en nombre de todos y por sobre todo, en nombre de una humanidad que necesita desesperadamente de ejemplos como este, simplemente digo: Gracias por mostrarnos el camino…

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