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Caleidoscopio

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Tab Machado

Quien crea que la felicidad es una meta y a ella se llega cuando se acumula cierta cantidad de bienes materiales y comodidades puede ir abandonando esa carrera antes de completarla, porque la felicidad es un estado de ánimo que nace del fondo del corazón y del espíritu y estos se nutren exclusivamente de sentimientos, impresiones y emociones… Para colmo de males la felicidad tiene su hermana gemela en la tristeza que, aunque

antagónicas e incompatibles, se reparten por igual la vida del hombre, superponiendo efímeros momentos de gloria y decepción, que el ser humano debe aprender a valorar para no creerse omnipotente en el momento del éxtasis, ni sentirse morir durante la frustración. En ese sutil y precario balance de dicha y agonía, la percepción del amor que cada uno tiene y desarrolla desde el fondo de su alma, es el que inclina la balanza a favor o en contra de una vida plena y realizada.

Cuanta una historia que hace mucho tiempo existía un hombre que, a causa de una guerra en la que había peleado de joven, había perdido la vista. Este hombre, para subsistir y continuar con su vida desarrolló una gran habilidad y destreza con sus manos, lo que le permitió destacarse como un estupendo artesano. Sin embargo, su trabajo no le permitía más que asegurarse el mínimo sustento,  por lo que la pobreza era una constante en su vida y en la de su familia.

Cierto día quiso obsequiarle algo a su hijo de cinco años, quien nunca había conocido más juguetes que los trastos del taller con los que fantaseaba reinos y aventuras.

Su papá tuvo entonces la idea de fabricarle, con sus propias manos, un hermoso caleidoscopio como alguno que él supo poseer en su niñez. En secreto fue recolectando piedras de diversos tipos que trituraba en decenas de partes, pedazos de espejos, vidrios, metales, maderas, etc.

Al cabo de un tiempo pudo, finalmente, disfrutar de la alegría de su hijo cuando le entregó el juguete terminado. El niño no cabía en sí de la dicha y la emoción al recibir el regalo de las manos de su padre ciego…

Durante los días y las noches siguientes el niño fue a todo sitio portando el caleidoscopio y con él regresó a sus clases en la escuela del pueblo. Durante los recreos el niño exhibía y compartía el juguete henchido de orgullo y sus compañeros se mostraban igual de fascinados con aquella maravilla, pujando por poner sus ojos en aquel lente y dirigirlo al sol…

Uno de aquellos pequeños, el mayor del grupo, finalmente se acercó al hijo del artesano y le preguntó con ambiciosa intriga: “Oye, que maravilloso calidoscopio te han regalado. ¿Dónde te lo compraron? No he visto jamás nada igual en el pueblo…”

Y el niño, orgulloso de poder revelar la verdad emocionante desde su pequeño corazón le contestó: “No, no me lo compraron en ningún sitio… me lo hizo mi papá”. A lo que el otro pequeño replicó con cierta sorna y tono incrédulo: “¿Tu padre?…  imposible… ¡¡¡si tu padre está ciego..!!!”.

Nuestro pequeño amigo se quedó mirando a su compañero y, al cabo de una pausa, sonrió como solo un portador de verdades absolutas puede hacerlo y le contestó: “Si… mi papá está ciego… pero solamente de los ojos”…

La historia nos demuestra que el amor es el vehículo y pasaporte exclusivo a la felicidad… Por eso, si buscas esa felicidad con anhelo, abandona el afán por acopiar y ostentar  bienes materiales, ya que el amor solo se puede sentir con el corazón y lo esencial es invisible a los ojos…

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