Home Editoriales Carlos Rojas Cambiar uno mismo…
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Cambiar uno mismo…

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Si eres humilde en tu corazón habrá siempre paz, armonía y tendrás mas visión para decidir que o cual camino tomar cuando tengas que hacerlo. De esa manera  tendrás siempre la sabia decisión de hacer bien las cosas. Así como decía mi tío Teo: hijo piensa antes de hacer las cosas y no cuando ya la hayas regado…

Aunque dice el dicho y dice bien, que la fuerza de ser soldado, hace cargar el fusil… aprendamos a evitar dolores de cabeza que es señal de que nuestro interior estará cambiando, porque créame que si se puede…

Si hago esto a mi compañera la voy a saber comprender, a mi hijo le podré decir que lo quiero y lo podré abrazar sin que tenga que perder mi hombría. En el camino sabré manejar mi auto sin tener que desgastarme en ofender al que se me atravesó, seré mas responsable en mi trabajo, seré mejor compañero y, hasta en el deporte seré un humilde ganador o un caballero cuando no lo sea.

En fin, el corazón puede cambiar… cuenta una leyenda oriental que diariamente un joven oraba pidiendo: “Señor dame fuerzas para cambiar el mundo”… Ese joven lleno de ideales pensaba que, con poco esfuerzo, podría transformar todo cuanto existiera a su alrededor. El percibía limitaciones, equivocaciones, bajezas y pecados y juzgaba que, al desatar su dinamismo, todo podría cambiar.

Al pasar los años aquel joven, que ya no era tan joven, llegó a la edad madura;  en ese momento su plegaria  se había transformado en otra, más modesta, más humilde:.. “Señor dame fuerzas para cambiar a cuantos me rodean”. Sus deseos eran ya mas reducidos, sus ideales seguían, pero el se había vuelto mas realista y creía que, a base de experiencias, conocerse y conocer cuanto le rodeaba, sin creerse un héroe, podría al memos cambiar a quienes le rodeaban con su espíritu que aun tenía un dinamismo grande. Su oración se había transformado…

Pasaron los años y el hombre ya era un anciano. Una cabellera blanca coronaba su frente y su caminar se había tornado inseguro. Entonces, de los labios medio trémulos, empezó a brotar esta sabia petición: “Señor, dame fuerzas para cambiar yo mismo”.

Ese joven de ayer (ahora viejo) había llegado a la plenitud y había comprendido que mientras no cambie el corazón del hombre, todos los cambios exteriores son inoperantes y no sirven. Pero, cuando en lo interior de uno mismo sucede la transformación todo lo exterior se transfigura. Al iluminarse con una luz nueva, la relación del hombre con Dios, con la Naturaleza y con los demás empieza a adquirir matices desconocidos, que parecería el descubrimiento de un nuevo mundo…

¿Lo crees?  ¡Inténtalo!… no te rías…tu, los tuyos, tus vecinos y el mundo te lo agradeceríamos….  es mas, desde ya te decimos gracias por cambiar tu corazón y el que va a ser feliz vas a ser tu. Por lo pronto amigos de Ultimas Noticias: gracias por cambiar.

 

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