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Cambio de almanaque

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Han pasado las tradicionales fiestas decembrinas y gran parte de la sociedad humana vuelve rápidamente a la ‘normalidad’… Ojalá el cambio de almanaque fuera algo mágico pero, seguramente, todos hemos iniciado el 2017 con el mismo bagaje de alegrías y tristezas de siempre, porque el tiempo lineal no sabe ni conoce de ilusiones y esperanzas… sino que te entrega indiferente la cosecha de lo que has ido sembrado.

Por eso, lo lógico al inicio de un nuevo año es pedir que, al menos, sea igual al que se acaba de ir porque, por más vicisitudes y problemas que hayamos pasado, al menos estaremos seguros de sobrevivirlo… Para eso lo más importante, lo sustancial, es templar nuestro espíritu para luchar sin desmayos por lo que uno necesita y quiere, sobrellevando con estoicidad las adversidades y adaptándose a los cambios que la vida nos impone, para poder seguir adelante sin dejarnos vencer a pesar de que alguna herida lacere nuestro espíritu. Debemos fortalecer el corazón para soportar los infortunios y que las raíces que nos sostienen sean cada vez más fuertes para soportar las feroces embestidas de tempestades que inevitablemente llegan, sea el tiempo que sea…

Lo cierto es que ha iniciado un nuevo ciclo de 365 días con todas las expectativas que despierta un tiempo que es inmaterial, que aun no ha sucedido y que, por tanto, genera mucha incertidumbre y ansiedad, por no saber lo que habremos de enfrentar. Para algunos seguramente será glorioso y para otros… tristemente funesto, aunque nada es completamente malo ni tampoco íntegramente bueno (al menos de forma permanente) sino que el cuadro de nuestra existencia se dibuja y pinta con pinceladas de alegrías y tristezas que, juntas, hacen la vida del hombre. Por eso hay que abrir nuestra mente, fortalecer nuestro corazón, creer con fe y luchar sin desmayos para alcanzar una vida plena, sin importar la época del año en que vivimos.

Y si la vida finalmente te da limones… haz limonada y si el viento arremolinado de los reveses quiere arrancarte de tu centro, lucha, aprende a adaptarte y aunque quedes escorado no cedas… solo aquellos que aprenden de sus experiencias y respetan sus propias cicatrices son los que cosechan logros. Es que, cuando uno crece siendo golpeado por los imponderables de la vida aprende a sortear las adversidades como se pueda, sin darse jamás por vencido. Y, al final, después de tanta lucha quizás no te veas gallardo y altivo… pero el temple adquirido merced a las batallas vencidas y a las tempestades sorteadas, te permitirán tener paz interior que es la base fundamental para intentar ser feliz… Te deseo un 2017 pleno de logros y recuerda siempre, que todo depende únicamente de ti…

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