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¿Casualidad, coincidencia o causalidad?

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¿Los sucesos cotidianos que rodean nuestras vidas, ya sean normales o extraordinarios, son fruto de la casualidad o de la causalidad?

¿Es la vida un juego de azar donde no está nada relacionado entre si y todo ocurre por una estricta casualidad? ¿O es la vida una serie de sucesos encadenados que unos y otros van forjando una causalidad? ¿Hay un poco de ambas cosas?

La casualidad hace referencia a la combinación de circunstancias que resulta imposible de anticipar y evitar. Aquello que ocurre por casualidad es imprevisto y, por lo tanto, no puede sortearse. Para la matemática, la casualidad está vinculada a la aleatoriedad (un proceso cuya derivación no resulta previsible ya que interviene el azar). Esto quiere decir que el resultado de un suceso aleatorio no puede saberse antes de que el suceso se produzca. Es posible, en cambio, hablar de probabilidades a partir de las estadísticas.

En cambio la causalidad es un principio completamente opuesto al casual ya que esgrime la razón de que nada puede ocurrir o existir sin una causa aparente.

¿Coincidencias asombrosas, causalidades, casualidades, que podría decir de los siguientes sucesos extraordinarios?

En junio de 2001, una niña de diez años llamada Laura Buxton escribió su nombre y dirección en un trozo de papel, pegó el papel en un globo de helio y lo soltó desde su jardín. El globo recorrió casi 225 kilómetros hasta que aterrizó en el jardín de otra pequeña de diez años, ¡qué también se llamaba Laura Buxton! La segunda Laura se puso en seguida en contacto con la primera y desde entonces han sido amigas. Han descubierto que no sólo comparten el mismo nombre y edad, sino que las dos tienen el pelo claro, un perro labrador, un conejito y un conejillo de Indias.

Más coincidencias asombrosas

En el año 1920, mientras la novelista norteamericana Anne Parrish recorría las librerías de París, se encontró con un ejemplar de uno de sus libros favoritos de infancia: Jack Frost y otras historias. Tomó el viejo libro de la estantería y se lo enseñó a su marido diciéndole que ese era el libro que con más cariño recordaba de su infancia. Su marido abrió el ejemplar y en la primera hoja descubrió la inscripción: “Anne Parrish, 209 N. Weber Street, Colorado Spring”. ¡Era el mismo libro que perteneció a Anne!

En 1858, Robert Fallon fue asesinado a tiros como acto de venganza por parte de aquellos con los que estaba jugando al poker. Según ellos, Fallon les había ganado 600 dólares haciendo trampas. Con el asiento de Fallon vacío y sin que ningún otro jugador se atreviese a coger los ahora “gafes” 600 dólares, encontraron a un nuevo jugador que se hiciera cargo del dinero del hombre y siguiera la partida. Para cuando llegó la policía a investigar el asesinato, el nuevo jugador había convertido los 600 dólares de Fallon en 2.200. La policía le reclamó los 600 dólares originales para hacérselos llegar al heredero legal de Fallon y en ese momento descubrieron que el nuevo jugador resultó ser ¡el propio hijo de Fallon!, que no había visto a su padre durante los últimos siete años.

En 1973, el actor Anthony Hopkins accedió a aparecer en “La chica de Petrovka”, película basada en una novela de George Feifer. Incapaz de encontrar una copia del libro en ninguna librería de Londres, Hopkins quedó realmente sorprendido al encontrar un ejemplar sobre el banco de una estación de tren. Resultó ser la propia copia personal de Goerge Feifer, con sus anotaciones, que Feifer le había prestado a un amigo al que luego se la sustrajeron del coche.

Un oficial Británico, el Mayor Summerford, mientras combatía en los campos de Flanders en febrero de 1918, fue despedido de su caballo por el resplandor de un rayo, lo que lo dejó paralizado de la cintura para abajo. Summerford se retiró y se mudó a Vancouver. Un día, en 1924, mientras pescaba en la rivera de un río, un rayo cayó en el árbol sobre el que estaba sentado y paralizó el lado derecho de su cuerpo. Dos años después, Summerford ya estaba lo suficientemente recuperado como para darse un paseo por un parque local. Mientras paseaba por el parque un día de verano en 1930, fue alcanzado por un rayo, paralizándolo permanentemente. El murió dos años después, pero ese no sería el final. Cuatro años después, durante una tormenta, un rayo cayó en un cementerio y destruyó una lápida. ¿Quién yacía en esa lápida? El Mayor Summerford.

¿Casualidad o causalidad?

A Mark Twain pocos le hicieron caso. Su profecía tenía algo de siniestra y la gran fama que ya arrastraba sólo sirvió para que sus más allegados pensaran que todo se trataba de una pura excentricidad digna de un genio con ganas de más notoriedad. Sin embargo, él seguía empeñado en vaticinar un hecho muy concreto: “Yo nací con el cometa y me iré con él”. No fue hasta muchos años después cuando algunos biógrafos descubrieron la increíble coincidencia. Twain había fallecido por muerte natural al terminar el 21 de abril de 1910, en el preciso instante en que era perfectamente visible el paso del célebre cometa Halley. Mark Twain nació en 1835 el día que pasaba el cometa Halley y murió, en 1910, el mismo día que el cometa Halley volvía a aparecer. El cometa Halley, oficialmente denominado 1P/Halley, es un cometa grande y brillante que orbita alrededor del Sol cada 75-76 años en promedio, aunque su período orbital puede oscilar entre 74 y 79 años.

Los Viajes de Gulliver es una novela de ideas revolucionadas, escrita en 1726 por Jonathan Swift. Contiene datos científicos inauditos, sincronías inexplicables y, sobre todo, coincidencias imposibles de achacar al azar. Encontraremos párrafos que nos harán pensar. Uno de los más enigmáticos dice lo siguiente: “Se ven en el cielo dos estrellas menores o satélites que giran alrededor de Marte, tienen nombre de miedo y su interior dista del planeta central tres veces su diámetro, en el caso de la primera, y el quíntuple en caso de la segunda. ¿Fantasía? ¿Imaginación desbordada? Eso se pensó en su época, aunque hay que reconocer que un escalofrío recorrió el espinazo de los lectores cuando comprobaron, 156 años después, cómo el astrónomo Asap Hall descubría las dos lunas de Marte. Jamás vistas hasta entonces, fueron bautizadas como Fobos (espanto) y Deimos (terror), el nombre de los caballos del dios de la guerra. Para añadir más misterio e incomprensión, las distancias y proporciones descritas en los viajes de Gulliver eran ¡exactas!

¿Qué creen ustedes acerca de estas coincidencias asombrosas? ¿Son producto de una gran casualidad o el resultado colosal de una serie de causalidades?

 

 

 

 

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