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Tab Machado
Tab Machado

A través de la historia algunas personas intolerantes, que se creen superiores a los demás, han categorizado a sus congéneres según la raza, condición social, género, apariencia y credo. Algunos incluso han llevado al extremo esa intolerancia desatando, con su absolutismo, un frenesí de violencia que ha costado invariable y lastimosamente sangre, sudor y lágrimas a buena parte de la humanidad.

Es que la intolerancia, esa valoración suprema de la propia identidad mediante la cual se justifica el ejercicio de la marginación hacia el que se ve diferente, se da porque el intolerante considera que si el otro no es igual a él, no tiene los mismos derechos y necesidades…

Uno piensa que en la tierra de la libertad y de las oportunidades en que vivimos, que ha sido fundada y sustentada por inmigrantes que conocen el sacrificio de dejarlo todo para conseguirlo todo y donde coexisten diferentes razas, culturas, apariencias y credos, el tema de la intolerancia sería tan solo una historia de ficción pero, tristemente, debemos aceptar que esto no es así y que últimamente podemos observar un incremento constante en este rubro, azuzado increíblemente por supuestos líderes que buscan conquistar a la mayoría mediante una dialéctica completamente intransigente ¿Es increíble no? Bueno, peor sería que esa mayoría realmente confirmara, mediante la aprobación del voto, que ese es el pensamiento que prima y quiere la mayor parte de la sociedad. De ser así, créame, ya todo estará perdido…

Aislar, excluir, discriminar y rechazar a otro, tan solo porque no es un igual, es el atajo más corto hacia la barbarie y si eso se concreta efectivamente en el primer nivel del círculo que se busca relegar, ya no habrá más esperanza para nadie, porque extender el odio hacia los demás círculos tan solo será cuestión de tiempo y forma. Por las dudas (y tómalo muy en cuenta) cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo.

La intransigencia y el colmo de la testarudez de estos líderes en busca de poder ha ido creciendo de tal forma, que ya quieren despojar de la ciudadanía a los niños nacidos en el país cuyos padres no tienen estatus migratorio. Los niños, que no pidieron venir a este mundo, se crían en el mismo entorno de los demás, adquieren las mismas costumbres, se educan en las mismas se escuelas, reverencian la misma bandera y aman el mismo país… sin embargo los quieren bajar de categoría o, más bien, quitarles su identidad de por vida. ¿Se imaginan ustedes que se concrete esta idea y que de un día para el otro los jóvenes se queden sin saber de donde son o a donde pertenecen?

Mirando todo este desaguisado siento vergüenza de pertenecer a la raza humana, de integrar una clase denominada pensante y que “fundamenta” su existencia en valores tales como el amor, la ecuanimidad y el derecho común, porque ese circo se cae de inmediato cuando se deben de generalizar los conceptos y a muchos (generalmente a los que mandan o quieren hacerlo) su visual no les permite ver mas allá del largo de su nariz… Mientras haya individuos que quieran categorizar, excluir, usufructuar, coartar, suprimir y/o confinar a otro solo porque le sirve como escalera para llegar al poder o alcanzar el éxito que busca, seguirá existiendo esa vieja frase sabia que dice: cuidado a quien pisas cuando subes porque invariablemente te lo encontrarás nuevamente al bajar… Nunca lo olvides o, si no, te costará muy caro el aprendizaje.

 

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