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La impertérrita saeta del tiempo ha descolgado las hojas del almanaque con tal rapidez, que ya nos marca implacable que estamos en los últimos días del año… Se nos termina 2017 con esa urgencia despiadada y cruel que tiene esta sociedad ‘moderna’ que no perdona errores, ni permite titubeos. Atrás, seguramente, habremos ido dejando muchos de los proyectos que nos formulamos la última jornada de 2016 y los primeros días de enero… pero ya no hay casi tiempo para más por lo que, las metas incumplidas se volverán los propósitos con los que iniciaremos el año nuevo.

El tema es que el tiempo es como un toro furioso que embiste sin mirar a quien y, para lidiarlo, no se le puede enfrentar con pereza, ni indolencia y mucho menos con vacilaciones, ya que el mañana puede que no exista si hoy no ponemos proa a nuestros sueños con decisión, energía y empeño.

Cuenta una historia que un hombre recibió la visita de un ángel, quien le comunicó que le esperaba un futuro fabuloso: tendría la oportunidad de hacerse rico, de lograr una posición importante dentro de la comunidad y de casarse con una mujer muy hermosa.

El hombre se pasó la vida esperando que los milagros prometidos llegasen, pero nunca lo hicieron, así que al final murió solo y pobre. Cuando llegó al cielo vio al ángel que le había visitado tiempo atrás y protestó: “Me prometiste riqueza una buena posición social y una bella esposa. ¡Me he pasado la vida esperando en vano!”.

“Yo no te hice esa promesa”, replicó el ángel,  “te prometí la oportunidad de tener riqueza, una buena posición social y una esposa hermosa”.

“¿Recuerdas cuando tuviste la idea de montar un negocio, pero el miedo al fracaso te detuvo y nunca lo pusiste en práctica?”, dijo el Ángel…  El hombre asintió con un gesto. “Tú no te decidiste, pero unos años más tarde se le dio la idea a otro hombre que no tuvo miedo y se convirtió en una de las personas más ricas de la ciudad y tu solo dijiste que fue suerte”…

“Luego se te ofreció ser parte de una organización de ayuda a las personas necesitadas”, agregó el ángel.  El hombre asintió nuevamente con pesar… “Esa fue tu gran oportunidad de ayudar a la humanidad con lo que hubieras ganado el respeto de todos”, prosiguió diciendo el espíritu “Pero no lo hiciste”, añadió…

“Por último: ¿recuerdas aquella hermosa mujer, que te atraía tanto? Te convenciste de que una mujer como ella no se casaría con alguien como tú y para evitar el rechazo, nunca llegaste a proponérselo”. El hombre volvió a asentir con lágrimas en los ojos. “Ella podría haber sido tu esposa”, dijo el ángel. “Y con ella se te hubiera otorgado la bendición de tener hermosos hijos y multiplicar la felicidad en tu vida… Como ves oportunidades para lograr el éxito hubieron, pero nunca pusiste la tenacidad, constancia, voluntad y tesón que son necesarios para lograr tus cometidos. Era más fácil criticar, que intentar concretar tus metas y eso te impidió llegar a conquistar tus sueños”, concluyó el ángel…

No te amargues por lo que ya no has hecho, ni te quedes lamentando por siempre lo que no has conseguido, porque sino seguirás toda tu vida justificándote infantilmente. Recuerda que cualquier momento es bueno para corregir el rumbo y que tu indecisión y temor al fracaso son los obstáculos a vencer para llegar a concretar tus propios sueños… Suerte que ahí nomas está Acción de Gracias y se avizora de inmediato Navidad y fin de año por lo que, como somos los humanos, una renovada sensación de fe (‘año nuevo vida nueva’) nos da el valor y la excusa para intentarlo nuevamente…

Por eso decídete: dale click al botón de reinicio de tu vida y avanza con plena confianza, lucha sin desmayo y conquistarás tus metas, porque tú eres el único arquitecto de tu destino y solo el desánimo, la apatía y la indolencia te pueden impedir llegar al éxito. Recuerda siempre: de ti y solo de ti depende lograrlo todo…

 

 

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