Home Entretenimiento Misterios mitos y leyendas Coincidencias asombrosas II
Coincidencias asombrosas II

Coincidencias asombrosas II

0
0

Esta semana le traemos una nueva serie de coincidencias asombrosas que seguramente lo dejarán con la boca abierta…

Charles Wells el hombre que hizo saltar la banca

Charles Wells fue un hombre que, contra toda probabilidad, hizo saltar la banca de Monte Carlo en 1891 realizando dos apuestas idénticas sobre el rojo y el negro y ganó cada vez 100.000 francos. La tercera vez hizo su apuesta sobre el cinco, 35 contra 1 y ganó. Repitió cinco veces la operación y el cinco salió cinco veces, algo tan altamente improbable que puede considerarse imposible en la práctica.

La pintura del Louvre

  1. J. Talbot escribió en 1938 una comedia en la que relataba como un hombre apellidado Boguskovksy robaba sagazmente una pintura del emblemático museo. Un año después, en 1939, una pintura fue robada y llamativas similitudes con la obra de Talbot se hicieron presentes. Sin embargo, lo más interesante es que una vez apresado el ladrón descubrirían que su apellido era, efectivamente, Boguskovksy.

El budín de ciruela de Émile Deschamps

En 1805 el escritor francés Émile Deschamps fue invitado a comer un budín de ciruela por el desconocido Monsieur de Fortgibu. Diez años después, encontró budín de ciruela en el menú de un restaurante en París y quiso ordenar un poco, pero el camarero le dijo que el último plato había sido servido a otro cliente, quien resultó ser increíblemente Fortgibu. Muchos años después, en 1832, Émile estaba en cenando en un restaurante y ordenó nuevamente budín de ciruela. Recordó el incidente anterior y comentó a sus amigos que solo faltaría Fortgibu para completar el momento, justo en ese instante un anciano Fortgibu entró al lugar… ¿Increíble no?

Tragedia y suerte, con el número 932

Cuando un tren de Nueva York se precipitó en la bahía de Newark y murieron muchos pasajeros, se iniciaron los trabajos de rescate de los vagones sumergidos. Una foto que apareció en la primera página de un periódico mostraba el último vagón en el momento de ser extraído, con el número 932 claramente visible a un lado. Ese día, el número 932 salió en el sorteo de la lotería de Manhattan, proporcionando cientos de miles de dólares de ganancia a las muchas personas que, presintiendo un significado oculto en el número, habían apostado por él.

Los códigos del Día D

Los códigos del Día D, datos imprescindibles para concretar la invasión de Normandía, eran el secreto más celosamente guardado por los altos mandos de las tropas aliadas en la última etapa de la Segunda Guerra Mundial. “Utah” y “Omaha” eran dos de las playas donde las tropas debían desembarcar; “Mulberry” era el nombre del puerto artificial provisional que se emplazaría tras el desembarco; “Neptune” era la denominación de la operación naval y “Overlord” fue el nombre que se le dio a la operación entera. Uno de los coroneles encargados de la operación era un gran aficionado a los crucigramas, por lo que compraba regularmente el diario “London Daily Telegraph”. Pero, pocos días antes de la invasión, en las respuestas a uno de los crucigramas, el militar leyó en secuencia los siguientes nombres: “Utah”, “Omaha”, “Mulberry”, “Neptune” y “Overlord”. El almirantazgo aliado se horrorizó tanto que estuvo a punto de cancelar el desembarco, pensando que había sido un acto de espionaje. Sin embargo, un día antes de la invasión se logró comprobar que era una extraordinaria e increíble coincidencia.

James Bond

En el año 1990 los estudiantes del Reino Unido necesitaron realizar algunas pruebas estandarizadas. Un estudiante llamado James Bond también estuvo allí y su número de referencia fue, aunque no lo creas, el 007. ¿Casualidad?

El mayor Summerford y los rayos 

Llegando al final de este conteo les presentamos la coincidencia más increíble e improbable que ha ocurrido en toda la historia de la humanidad. El protagonista es un oficial británico, el Mayor Summerford, que mientras combatía en los campos de Flanders en Febrero de 1918, fue despedido de su caballo por el resplandor de un rayo, lo que lo dejó paralizado de la cintura para abajo. Summerford, se retiró y se mudó a Vancouver y tiempo después, en 1924, mientras pescaba en la rivera de un río, un rayo cayó en el árbol sobre el que estaba recargado, paralizando el lado derecho de su cuerpo. En el verano de 1930 Summerford ya estaba recuperado y mientras paseaba por un parque nuevamente fue alcanzado por otro rayo, esta vez paralizándolo permanentemente. El hombre murió dos años después del impacto…pero ese no sería el final. Cuatro años después, durante una tormenta eléctrica, un rayo caería sobre un cementerio destruyendo una lápida. ¿Quién yacía en esa lápida? Si, así es, el mayor Summerford… Sencillamente asombroso.

 

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *