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¿Cómo deseas ser reconocido y recordado?

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Tab Machado

Las personas creen que diciendo únicamente palabras bonitas van a seducir a los demás pero, si a la palabra no le agregan hechos que la corroboren y justifiquen, a la larga todo se vuelve en su contra porque: ¿qué es la palabra sin un hecho que lo corrobore? Una ilusión vana, una mentira y ¿un hecho corroborable sin palabras? Una verdad que exime de mayores comentarios. Por eso siempre digo que las palabras se las lleva el viento y los hechos son la única cosa por lo que vamos a ser recordados y estimados hoy, mañana y siempre.

Cuenta una historia que durante los duros años de la depresión, en un pueblo pequeño de Idaho,  una persona solía detenerse en el almacén del Sr. Miller para comprar productos frescos de granja. En aquellos tiempos la comida y el dinero escaseaban y el trueque era frecuente. Un día, dicha persona vio un niño pequeño, con la ropa gastada, que miraba atentamente un cajón de manzanas. Mientras la persona también admiraba las manzanas, no pudo evitar

escuchar la conversación entre el pequeño y el Sr. Miller.  “¿Hola Barry, como estás, quieres algo?” “Hola Sr. Miller, estoy bien, gracias, solo admiraba las manzanas… se ven muy bien”, dijo el niño.

“Si, son muy buenas, ¿cómo está tu mamá? ¿Hay algo en que te pueda ayudar?”,  volvió a decir el Sr. Miller.  “No Señor. Solo admiraba las manzanas”, susurró el pequeño. “¿Te gustaría llevarte algunas a casa?”, preguntó el hombre y el niño asintió con su cabeza…

“Bueno, ¿qué tienes para cambiar por ellas?”, dijo el Sr. Miller y el jovencito respondió: “Lo único que tengo es mi canica más valiosa”.  “¿De veras? ¿Me la dejas ver?”, dijo el Sr. Miller y Barry le mostró su tesoro, pero el hombre dijo: “El único problema es que está es azul y a mí me gustan las rojas. ¿Tienes alguna roja, en casa?” “No exactamente”… respondió el pequeño.

El Sr. Miller entonces propuso: “Hagamos una cosa. Llévate esta bolsa de manzanas y la próxima vez que vengas muéstrame la canica roja que tienes”. “Muchas gracias”, dijo el niño y salió corriendo con su bolsa de manzanas.

La Sra. Miller se acercó entonces a atender a la persona que había sido testigo del diálogo y, con una sonrisa, le dijo: “hay dos niños más como él en nuestra comunidad, todos en una situación de extrema pobreza. A Jim le encanta hacer trueque con ellos por patatas, manzanas, tomates o lo que sea .Cuando vuelven con las canicas rojas, él decide que no le gusta tanto el rojo y los manda a casa con otra bolsa de comida y la promesa de traer una canica color naranja, verde o azul la próxima vez”…

Muchos años después el Sr. Miller falleció y la misma persona fue a su velatorio. Al frente de la fila para dar condolencias había tres jóvenes excelentemente vestidos, profesionales, que saludaron a la Sra. Miller y se acercaron para despedirse del Sr. Miller. Cuando llegó el turno de la persona, la Sra. Miller con los ojos brillantes, le tomó la mano, la condujo al ataúd y le dijo: “Esos tres jóvenes que se acaban de ir son los tres chicos de los cuales le hablé hace unos años… me dijeron que vinieron a pagar su deuda”. A continuación la esposa levantó la mano de su esposo fallecido y allí estaban tres canicas rojas exquisitamente brillantes…

El amor del Sr. Miller quedó grabado en el corazón de los tres chicos de tal manera, que jamás olvidaron su actitud y generosidad. Como se puede ver, no seremos recordados por nuestras palabras, sino por nuestras acciones, por eso siempre habla lo justo y trata de que tus palabras estén refrendadas por hechos. Recuerda que en la vida se cumple inexorablemente un axioma insalvable y es que uno recibe en la misma medida que da por lo que, aquellos que basan su vida en muchas palabras y pocos hechos, recibirán a cambio el mismo resultado de vuelta.  ¿Y tu… como deseas ser recordado y reconocido?

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