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Como elefante en un bazar…

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Tab Machado

El estrés, la necesidad de ser exitosos, la codicia, la avidez de acaparar, la falta de ética y la envidia por los logros ajenos han hecho que hombres y mujeres de esta ‘sociedad moderna’ que hemos construido, tengan tantaconsideración de sus congéneres como las de un elefante en un bazar…

Es que, como lo único importante hoy es satisfacer necesidades propias y adquirir lo que uno se ha propuesto (a como dé lugar), la estrategia generalizada del ser humano es magnificar en grado sumo los defectos ajenos y engrandecer mas allá de la verdad las virtudes propias, como método infalible de establecer un contraste favorable con quien se desea abatir. Claro que, en esta situación, para que la brecha sea más grande aun, no se marcan los defectos o debilidades propias, más bien se obvian u ocultan y mucho menos se dejan ver las virtudes ajenas, porque eso emparejaría las acciones…

Este tipo de situaciones se da, lamentablemente, en todos los ámbitos que usted conozca. La baja autoestima o la poca confianza en lo que uno puede lograr, es lo que lleva a los individuos a magnificar defectos ajenos y sobrevaluar virtudes propias. Es que es más fácil nivelar hacia abajo que establecer una referencia o dicho de otro modo, es más fácil tratar de sembrar dudas en lo que hacen los demás, que demostrar uno el valor que tiene.

Si digo todo lo malo que es el otro, siempre será más fácil demostrar lo bueno que soy yo… Ese es el pensamiento simplista del mundo de hoy, donde la gente se deja llevar por ilusiones o engaños en vez de evaluar finamente las cosas, contraponiendo palabras a acciones y midiendo la intención un poco más allá de la simple epidermis. Es que hay seres humanos que se han especializado tan bien en la profesión de prestidigitador que tienen al público cautivo (al menos por un tiempo)…

Cuenta una historia que en un lejano reino vivía un lavandero que tenía como vecino a un alfarero que fabricaba las más finas artesanías en vidrio. Buen trabajador, tenía una clientela variada y numerosa. Era rico y vivía con un cierto lujo que el lavandero envidiaba de todo corazón. Hasta tal punto llegó esa envidia, que decidió romper todo trato con su vecino, como si la prosperidad adquirida pudiera perjudicarle a él en algo.

Finalmente, el envidioso decidió jugarle al alfarero una mala pasada, por lo que fue a presentarse al rey y le dijo: “El elefante de vuestra Majestad lleva mucho tiempo aprendiendo a bailar ballet, ¿por qué no nos muestra su avance? Estoy seguro que si hacemos un espectáculo en el bazar del alfarero su elefante, que es muy bueno, no va a tirar ni una sola copa o platillo de cristal y Usted va a ser muy admirado”…

El rey quedó complacido con la propuesta y le dijo al alfarero que el sábado próximo su elefante iba a dar una exhibición de ballet en su bazar. El alfarero le dijo: pero en mi bazar los pasillos son estrechos y la cristalería muy fina, voy a tener que hacer espacio”… Y el rey respondió: “de ninguna manera, como dijo el lavandero: mi elefante es muy bueno y no va a romper nada. Deja todo como está”.

Ese sábado el lavandero envidioso lucía radiante porque al final iba a poder destruir al alfarero y toda su reputación. Y más feliz se puso cuando al primer acorde musical y, ante un lleno total de público en el bazar, el elefante dio el primer paso de baile chocando levemente el estante de la más fina cristalería y esta se vino abajo con gran estruendo. El estupor ganó a toda la concurrencia y mucho más cuando el elefante, por más que seesforzaba, iba chocando una a una las estanterías y la cristalería caía haciéndose añicos…

El lavandero reía a carcajadas porque finalmente había logrado acabar con el alfarero pero, al finalizar la función y con todo el lugar hecho pedazos el rey pidió la palabra y dijo: “hoy todos pudimos apreciar los avances de mi elefante en el baile, agradezco al alfarero por prestarnos el local para que todos pudieran presenciar el espectáculo. Y como he quedado tan emocionado por esta jornada, le compro toda la cristalería rota a precio de lista, ya que me la llevaré como recuerdo de esta noche”. El lavandero casi se cae del asiento y su envidia se multiplicó por mil, mientras que el alfarero agradecía la bondad del rey.

Y tu: ¿que tipo de vida que has elegido vivir? ¿Eres referencia o solo te preocupas por abatir a los demás? Afortunadamente tienes en tus manos el poder de elegir el camino, solo hace falta aprender a discernir cual te lleva a la cima y cual al despeñadero… de ti depende.

 

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