Como ovejas…

El miedo a quedar en evidencia por nuestra ineptitud, ignorancia y/o impericia, ha hecho que crezca en el mundo el número de sabiondos (personas que presumen de saber más de lo que en realidad saben) lo que lentamente ha ido empujando a la humanidad al borde del precipicio y ya nada falta para que caigamos en el oscuro e insondable vacío de la banalidad, frivolidad y estupidez… si es que ya no lo hemos hecho.

Lo peor de todo es que el sabiondo presume y esparce su ignorancia con una seguridad, donaire y garbo tal, que deja abrumado a todo aquel que todavía tiene un poco de conciencia, haciéndolo sentir vergüenza ajena por tal ostentación.

Cuenta una historia alusiva a este tema que antiguamente vivía un rey que se preocupaba mucho por su vestuario. Un día dos charlatanes le dijeron que podían fabricar la tela más suave y delicada que existía, añadiéndole al tejido la capacidad de ser invisible a los estúpidos o incapaces de ejercer su cargo. Por supuesto que tal prenda no existía, ellos lo que pretendían era quedarse con los materiales y el dinero que solicitaban para su confección.

El emperador, que se sentía inseguro de su capacidad, mandó a dos hombres de confianza para que valoraran primeramente la tela. Inmediatamente ambos comenzaron a alabarla porque no querían demostrar la supuesta incapacidad para ejercer su cargo, así que toda la ciudad estaba ansiosa por ver la prenda para demostrar cuales eran los verdaderos tontos.

Días después, con ayuda de los estafadores, el emperador se ‘vistió’ con el inexistente traje y salió a mostrarlo a los pobladores de la ciudad, no admitiendo que no lo veía pues tenía miedo de admitir que era un tonto y un inepto.

Todas las personas, a pesar de no ver nada, alabaron el traje para demostrar también su capacidad e inteligencia, hasta que un niño gritó: “¡El emperador va desnudo!”

Fue allí que las personas empezaron a murmurar lo que decía el niño, el emperador escuchó y se dio cuenta que era verdad entonces, avergonzado, terminó el desfile y salió corriendo despavorido hacia su castillo para refugiarse allí….

En el mundo actual, desde que aparecieron los buscadores de internet ‘permitiendo’ que en cinco minutos uno ya sepa ‘todo de todo’ se agrandó inexorablemente la nómina de los que dan ‘cátedra’. Así vamos, como dice el refrán español: ovejas bobas, por donde va una van todas. Sin embargo aun se puede simplificar y resolver esta ecuación si aceptamos con humildad que no es posible ser experto en todo… Tan solo esa simple actitud fortalecerá notablemente nuestras virtudes reales, haciéndonos cerrar la boca para hablar menos y abrir los oídos para aprender más… De todos nosotros depende hacer un mundo mejor. ¡Esforcémonos! 

 

 

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