Como Pepe Le Pew: ¡ho la lá!

Hace unos días atrás, mientras realizaba mi caminata diaria, una pareja se cruzó conmigo, nos saludamos cordialmente y al seguir mi viaje me dijeron: “escriba por favor sobre el amor”… Salude, agradecí la sugerencia y prometí cumplirles su deseo. Acá vamos…

Estimo, antes que nada, que el 80% de mis editoriales (sino más) giran en torno al amor: a Dios, a la familia, a los hijos, a los amigos, a uno mismo, etc., pero creo saber a qué se referían específicamente ellos: al amor de pareja.

Pues bien, el tema es que no hay una formula alquímica perfecta sobre el amor, una receta infalible para unir por siempre a una pareja. Es más, me animaría a decir que hay tantas formas de ver el amor y de relacionarse con alguien, como personas hay en el mundo y que, lo que funciona para mí, seguramente no será de utilidad para nadie más y viceversa. Pero lo más lindo (y divertido) es que hay que experimentar el amor (y también el desamor, aunque duela) para apreciar la dimensión extraordinaria de coincidir en cuerpo y alma con otra persona y que esa unión nos haga sentir felices y completos.

Lo que nos han enseñado desde chicos como ideal del amor es que debe de ser correspondido, sensible, único, tierno, apasionado, fiel y que debe de durar toda la vida… Claro que, lo único que no nos dicen, es que los que deben de establecer y mantener una relación así son humanos, seres imperfectos que arrastran el pesado lastre de un individualismo y egocentrismo cruel y despiadado, con complejos no resueltos y dispuestos a complacerse únicamente a sí mismo a como dé lugar… Hacer funcionar una fórmula tan delicada con dos elementos inestables, volátiles e inflamables, es una tarea prácticamente imposible y la realidad nos marca que el 90% (soy benévolo) de las parejas que se forman, se desintegran al poco tiempo porque no hay peor química que dos componentes opuestos comprimidos en un solo espacio.

Una fórmula así está destinada a fracasar inevitablemente, más aun si tomamos en cuenta que la mayoría de esos ‘amores’ se fraguan producto de la conveniencia, la pasión que solo mira el físico y no el espíritu, la soledad que agobia y tortura o por situaciones forzadas producto de un momento de placer irresponsable.

Lo cierto es que amar y sobre todo ser amado es una de las principales metas que tienen las personas en la vida y, aunque lo escondan muy bien bajo su instinto individualista, el ser humano no concibe la felicidad si no está en pareja…  Fuimos educados para convivir, entregarnos y compartir con alguien más nuestras fortalezas y nuestras debilidades, de modo que sea más ágil la carga que soportamos en la vida.

Y ten esto muy en cuenta: aunque sería más fácil y sencillo, el dinero no puede comprar este sentimiento especial. Incluso, lo irónico e increíble es que cuanto más dinero, poder y riqueza se acumulen, menos probabilidades hay de encontrar un amor auténtico… También resulta asombroso que, cuanto más se quiera retener a una persona, más fácil es que se vaya… La fuerza, el autoritarismo, la intimidación, la desconfianza y los celos son argumentos que suelen utilizarse para matar el amor, así de frágil es este sentimiento tan buscado como esquivo…

Así que, en conclusión… ¿existe el amor puro, fiel y duradero? Más arriba dije que la mayoría de las parejas fracasan… pero existe un porcentaje (ínfimo) que milagrosamente puede disfrutar del amor ideal. Y, si bien no hay una fórmula exacta, aquella pareja que mezcle los ingredientes básicos: paciencia, sensibilidad, comprensión, respeto y fidelidad, en forma ecuánime y proporcional, seguramente gozará la bendición de un amor auténtico. Se los dice alguien que, a pesar de algunos sinsabores, se siente como Pepe Le Pew (¡ho la lá!) al haber coincidido en tiempo y espacio con alguien muy especial…

 

 

 

 

 

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