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¿Cómo se mide el éxito?

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Tab Machado

Días pasados un amigo me envió la lista de las veinte personas de mayor éxito en el 2010. Al abrir el mensaje pude ver veinte nombres acompañados de una cifra billonaria en dólares. En verdad que no puse atención ni a la cifra, ni a los nombres, sino que me asaltó inmediatamente  una gran duda que comparto en esta columna con Ustedes. El ser humano y la sociedad en su conjunto: ¿Mide el éxito según el dinero que

acumule una persona? ¿Es más exitoso el que más dinero tiene? ¿Qué es lo que piensa Usted sobre el éxito?

Mientras medita acerca de esto les cuento una interesante historia, quizás allí este la respuesta: había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente muy feliz. Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno al rey cantando alegres canciones. Una gran sonrisa se dibujaba en su cara y su actitud era siempre serena y alegre. Un día el rey le dijo: “Paje, ¿Cuál es el secreto?”… “¿Qué secreto, majestad?”, respondió el sirviente. “¿El secreto de tu alegría?” insistió el Rey y el Paje contestó: “No hay ningún secreto, Alteza”.

“No me mientas”, dijo el rey y el sirviente expresó: “No miento, Alteza. No guardo ningún secreto, no tengo razones para estar triste. Su Alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo a mi esposa e hijos viviendo en la casa que la corte nos ha dado, somos vestidos, alimentados y su alteza me premia con algunas monedas para darnos gustos, ¿Cómo no estar feliz?”

El Rey, furioso por la respuesta, volvió a decir: “No mientas. Nadie puede ser tan feliz por las razones que me has dado”. Y el Paje respondió: “Pero Majestad, nada me gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que esté ocultando”…. El Rey miró al sirviente y le dijo “¡Vete antes que me arrepienta!”. El sirviente hizo una reverencia y salió de la habitación.

El rey estaba como loco. No conseguía explicarse como el paje estaba feliz viviendo así, poniéndose ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos. Cuando se calmó, llamó al sabio y le contó su conversación con el paje. Y el sabio le explicó que el sirviente no vivía triste porque no pertenecía al ‘Circulo 99’.

El Rey dijo entonces, “obliguémoslo a entrar a ese círculo” y el sabio respondió: “nadie puede obligar a nadie a entrar pero, si le damos la oportunidad entrará solito”…

“¿Entonces será infeliz?”, preguntó el rey y el sabio dijo: “Si y se lo voy a demostrar. Lo único que debemos usar es una bolsa con 99 monedas”…

Así fue, esa noche el sabio y el rey fueron hasta la casa del paje. Allí ataron la bolsa de monedas a la puerta, con un papel que decía: “Este tesoro es tuyo, es el premio por ser un buen hombre, disfrútalo”.

Cuando el paje salió a la mañana siguiente vio la bolsa, leyó el papel y se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho y entró a la casa. El sabio y el rey que espiaban se arrimaron a la ventana para ver la escena.

El sirviente vació la bolsa y sus ojos no podían creer lo que veían. ¡Era una montaña de monedas de oro! El paje las tocaba, las juntaba y hacia pilas con ellas. Así, jugando, empezó hacer pilas de 10 monedas… hasta que formó la última pila y esta tenía ¡9 monedas!

“No puede ser… ¡Me robaron!” dijo y se puso a buscar en la mesa, en el piso, en la bolsa, pero no encontró lo que buscaba… Sobre la mesa, como burlándose de él, 99 monedas de oro le recordaban que faltaba una para las cien….

“Sólo 99 monedas. Es mucho dinero pero me falta una, 99 no es un número completo. 100 es un número completo”, pensaba…

La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los ojos se habían vuelto pequeños. El sirviente guardó las monedas en la bolsa y la escondió, luego se sentó a hacer cálculos: ¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar para comprar su moneda número 100? Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla. Después, quizás, no necesitaría trabajar más. Con 100 monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar, es rico y puede vivir tranquilo…

Sacó el cálculo: Si trabajaba y ahorraba su salario y dinero extra que recibía, en doce años juntaría lo necesario. “Doce años es mucho tiempo… Quizás pudiera pedirle a mi esposa que trabaje en el pueblo. Yo mismo podría trabajar después de Palacio y recibir paga extra”, pensó. Sacó nuevamente cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero pero… ¡Era demasiado tiempo! Quizás pudiera llevar al pueblo lo que le quedaba de comida todas las noches y venderlo… De hecho cuanto menos comieran, más comida habría para vender… Era un sacrificio pero en cuatro años llegaría a su moneda numero 100…

El rey y el sabio, visto esto, volvieron al palacio… el paje había entrado al ‘círculo 99’…

Durante los siguientes meses el sirviente siguió sus planes como los había pensado y una mañana entró a la alcoba del rey golpeando puertas, refunfuñando y de pocas pulgas. “¿Qué te pasa?”, preguntó el rey, “Antes reías y cantabas todo el tiempo”.

“Nada me pasa… ¿Hago mi trabajo, no? Que quería su Alteza, ¿Que fuera su bufón y su juglar también?”, respondió el Paje…

Entonces el rey lo despidió ya que no le era agradable que estuviera siempre de mal humor.

Luego de la historia… ¿Crees que el éxito se mide en dinero? Si es así, ten cuidado de no haber entrado peligrosamente en el ‘Circulo 99’… En lo personal sigo pensando que aquel que puede cumplir sus objetivos (sean cuales estos fueran) son tan exitosos como los que acumulan dinero.

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