Construye recuerdos

Mi madre me ha dicho desde siempre: la vida se vive de la piel para adentro, por eso construye fuerte tu mundo interior, porque es allí donde tendrás que sostener y respaldar tu felicidad en todo momento…  Y, con el correr del tiempo he aprendido que tiene razón, ya que el presente es efímero, el futuro es un albur (por más que pongas toda la fe en él) y el pasado es el único lugar donde cimentamos, acumulamos y sustentamos nuestra base para tener, aunque sea un poco, de felicidad. Por eso es importante construir recuerdos y que los mismos dejen un valor positivo.

Recordar es un ejercicio que ningún tercero puede coartar o limitar, que va incluso más allá del impedimento físico o el espacio limitado, por eso vive tu vida de forma tal que siempre tengas ese lugar a donde escaparte y recrear historias que no se olvidan. Además y concomitantemente, como tu ser es el reflejo exacto de tu alma, según lo que hayas acumulado en tu mundo interior será como verás y te verán los demás…

Cuenta una historia que en un próspero reino el monarca había alcanzado ya una edad avanzada, así que un día hizo llamar a un sabio y le dijo: “Hombre piadoso, tu rey quiere que tomes esta caña de bambú y que recorras todo el reino con ella. Te diré lo que debes hacer. Viajarás sin descanso de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo y de aldea en aldea. Cuando encuentres a una persona que consideres la más tonta, deberás entregarle esta caña”.

El sabio le respondió: “aunque no reconozca otro rey que mi verdadero yo interior, señor, habré de hacer lo que me dices por complacerte. Me pondré en camino enseguida. El sabio tomó la caña que le había dado el monarca y partió raudo. Viajó sin descanso, transitando todos los caminos del reino. Recorrió muchos lugares y conoció muchas personas, pero no halló ningún ser humano al que considerase el más tonto. Pasaron algunos meses y volvió al palacio del rey. Alli se enteró que el monarca había enfermado de gravedad y corrió hasta sus aposentos. Los médicos le explicaron al sabio que el rey estaba en la antesala de la muerte y se esperaba un fatal desenlace en minutos. El sabio se aproximó al lecho del moribundo. Con voz quebrada pero audible, el monarca se lamentaba: “¡Qué desafortunado soy! Toda mi vida acumulando enormes riquezas y, ¿qué haré ahora para llevarlas conmigo? ¡No quiero dejarlas, no quiero dejarlas!”…

El sabio entonces tomó la caña y se la entregó al rey, dado que había encontrado allí al hombre más tonto del reino…

No permitas que tu vida sea similar a la del rey del cuento. Trata de vivir de forma tal que los recuerdos positivos superen a los negativos, para que cuando te toque bucear en las profundidades del alma, el corazón se regocije por lo que allí encuentre. Recuerda siempre que la vida pasa rápido ¡muy rápido! Por eso construye y atesora buenos recuerdos… ¡eso es lo único que tendrás hoy y siempre!

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