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Cráter de Chicxulub: el misterioso sitio de México donde cayó el meteorito que se cree extinguió a los dinosaurios

Cráter de Chicxulub: el misterioso sitio de México donde cayó el meteorito que se cree extinguió a los dinosaurios

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En 1978 los geofísicos Penfield y Camargo trabajaban para la compañía petrolera estatal mexicana Pemex como parte de una prospección magnética aérea del golfo de México, al norte de la península de Yucatán. Su trabajo consistía en utilizar datos geofísicos para estudiar posibles localizaciones a fin de extraer petróleo. En dicha investigación, Penfield encontró un enorme arco subterráneo con una “simetría extraordinaria” y con la forma de un anillo que medía alrededor de 70 kilómetros de radio. Entonces obtuvo un mapa gravitatorio de Yucatán realizado en la década de 1960.

Una década antes, el mismo mapa sugirió una estructura de impacto al contratista Robert Baltosser, pero la política corporativa de Pemex de aquella época le prohibía hacer pública su conclusión.

Penfield descubrió otro arco en la península en sí, cuyos extremos apuntaban hacia el norte. Comparando los dos mapas, encontró que los dos arcos formaban un círculo, de 180 kilómetros de diámetro, cuyo centro se encontraba cerca del pueblo de Chicxulub, en Yucatán; a partir de esto, estuvo prácticamente seguro de que la formación había sido creada por un evento cataclísmico en la historia geológica.

Pemex prohibió hacer públicos datos específicos, pero permitió a Penfield y a Camargo presentar sus resultados en la conferencia de 1981 de la Sociedad de Geofísicos de Exploración. La conferencia de ese año tuvo poca asistencia y su informe atrajo una escasa atención. Irónicamente, muchos de los expertos en cráteres de impacto y el límite K/T estaban asistiendo a una conferencia diferente sobre los impactos contra la Tierra. Aunque los descubridores tenían una gran cantidad de información geofísica, no poseían muestras de roca, ni ninguna otra prueba física de la colisión.

Pemex había perforado pozos de exploración en la región desde 1958 y en una perforación había penetrado hasta lo que fue descripto como una gruesa capa de andesita a una profundidad de unos 1300 metros. Esta capa podría haber sido el resultado del intenso calor y presión de un impacto contra la Tierra, pero en la época de las perforaciones fue considerada un domo de lava, un rasgo atípico de la geología de la región.

Penfield intentó obtener muestras de la capa, pero fue informado de que las muestras se habían perdido o destruido. Cuando los intentos de volver a los pozos a realizar una exploración y una búsqueda de rocas se hicieron vanos, Penfield abandonó dicho proyecto, publicó sus descubrimientos y volvió a trabajar para Pemex. Al mismo tiempo, el científico Luis Walter Álvarez presentó su hipótesis de que un gran cuerpo extraterrestre había impactado contra la Tierra.

En 1981, desconocedor del descubrimiento de Penfield, el estudiante de la Universidad de Arizona Alan R. Hildebrand y el consejero de la facultad William V. Boynton publicaron un borrador de la teoría de un impacto contra la Tierra, mientras se encontraban buscando un cráter candidato.

Sus pruebas incluían arcilla marrón-verdosa con un exceso de iridio, que contenía granos de cuarzo chocado y vidrio alterado, que parecían ser tectitas. También había depósitos gruesos y mezclados de fragmentos toscos de roca, que se creía que habían sido arrancados de algún lugar y depositados en algún otro por un gran tsunami, probablemente causado por un impacto contra la Tierra. Estos depósitos se encuentran en muchos lugares, pero parecen estar concentrados en la cuenca del Caribe, en el límite K/T.

Así que, cuando el profesor haitiano Florentine Moras descubrió lo que creía que era la prueba de un volcán antiguo en Haití, Hildebrand sugirió que podía ser un rasgo revelador de un impacto cercano.

Las pruebas efectuadas sobre las muestras recuperadas del límite K/T revelaron más cristales de tectita, que sólo se forman con el calor de impactos de asteroide y detonaciones nucleares de gran potencia, superior a la de las detonaciones sobre Hiroshima y Nagasaki.

En 1990, el periodista Carlos Byars informó a Hildebrand del descubrimiento previo de Penfield de un posible cráter de impacto. Hildebrand se puso en contacto con Penfield en abril de 1990 y los dos pronto obtuvieron dos muestras de los pozos de Pemex, guardadas en Nueva Orleans. El equipo de Hildebrand analizó las muestras, que presentaban claramente material metamórfico.

En 1996 un equipo de investigadores de California, estudiando imágenes de satélite de la región, descubrió un semi-anillo de dolinas (cenotes) con centro en el poblado de Chicxulub, que se correspondía con el que Penfield había visto anteriormente. Se creía que las dolinas o cenotes habían sido provocados por la subsidencia de la pared del cráter de impacto. Pruebas posteriores sugirieron que el cráter real mide 300 kilómetros de diámetro y que el anillo de 180 kilómetros es una pared interior.

El evento ha sido descrito más recientemente en un libro editado y publicado en 2007, escrito por el astrónomo mexicano Arcadio Poveda Ricalde y por Fernando Espejo Méndez, quienes actualizaron el conocimiento que se tiene del acontecimiento.

Estudian lo sucedido y el alcance del impacto del asteroide gigante

¿Qué fue lo que pasó 66 millones de años atrás cuando el gigante asteroide cayó en la Tierra? ¿Cuál fue el alcance del impacto y del desastre ambiental que según se cree llevó a la desaparición de los dinosaurios? Esas son algunas de las preguntas que busca responder actualmente una expedición conjunta británico-estadounidense que trata de perforar dentro del cráter de Chicxulub. Los investigadores están particularmente interesados en una característica del cráter a la que los científicos llaman “anillo pico”. Éste fue creado en el centro del cráter donde la Tierra rebotó después de haber sido impactada por el asteroide.

Hoy en día las partes claves de cráter están ocultas debajo de 600 metros de sedimentos oceánicos, pero si los científicos pueden tener acceso a sus rocas, podrían descubrir la magnitud del impacto y la catástrofe ambiental que generó. Hace 66 millones de años, un objeto de un ancho de más de 18 kilómetros creó un hoyo en la corteza de la Tierra de aproximadamente 100 km de ancho por 30 km de profundidad. Este orificio colapsó en sí mismo, dejando un cráter de cerca de 300 km de ancho y varios kilómetros de profundidad. La zona central del cráter rebotó y colapsó otra vez, dejando al interior un “anillo pico”. Hoy en día, la mayor parte del cráter de Chicxulub está sepultada en el litoral del Golfo de México, bajo 600 metros de sedimentos. En tierra firme, el cráter está cubierto de depósitos de piedra caliza, pero su borde está trazado por un arco de sumideros.

En los mapeos geofísicos que estudian la superficie debajo del fondo del océano, los anillos parecen una cadena de montañas en forma de arco. El equipo de científicos está usando un bote llamado Myrtle como plataforma para la perforación.

Para alcanzar las rocas del anillo pico, el taladro tendrá que sortear primero la espesa capa de lodo del fondo del Golfo de México. Algunas de las primeras muestras de corteza que se extraigan mostrarían evidencias de cuán rápido la vida retornó a la zona impactada.

Organismos marinos deben haberse restablecidos en esta área estéril en miles de años. Las muestras de corteza más profundas deben llevarnos a los depósitos del tsunami que se chapotearon de un lado a otro inmediatamente después del impacto.

Las verdaderas rocas del anillo pico están a una profundidad de 800 metros o más. El equipo está conformado por científicos de Estados Unidos, México, Japón, Australia, Canadá y China, además del Reino Unidos y otros cinco países europeos. Según la información se espera concluir la perforación en un período de dos meses.

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