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¿Cuál es el juego?

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El frío que se siente por estos días cala hasta los huesos, pero no estoy seguro si es originado por el descarnado y macilento invierno que arrecia con sus bajas temperaturas o porque la insensibilidad y la miseria humana, esa que destila crueldad, perversión y saña ha llegado a su pico más alto, enfriando el cuerpo, el corazón y también el alma. Por eso, cuando miro por las mañanas el termómetro y veo que la aguja no sube por encima del cero, me pregunto qué es lo que está marcando… ¿La temperatura ambiente o el frío del alma?

Es que como especie vamos de mal en peor, a los tumbos, creyendo la mayoría de las personas que hostigar, vapulear e importunar a un semejante, solo por pensar diferente o defender sus derechos, es un bien inalienable adquirido a perpetuidad. Y para lacerar espíritus, estos individuos usan la peor arma contra su propia especie: su afilada y punzante lengua que lastima más duro que cien látigos con punta de hierro. Pero eso no es todo, no quieran ni imaginar siquiera las cosas que siembra esta gente cuando su viperina lengua coordina esfuerzos con su pérfida fantasía… ¡Dios mío! Mejor mirar hacia otro lado… Es que la premisa es: si no estás a mi favor y eres sumiso diciéndome siempre si, entonces estás en mi contra y, por consiguiente, tengo el derecho a perjudicarte como sea para lograr mis propósitos.

Sin embargo estas personas, pobres de mente y espíritu, no se dan cuenta de que la rueda de la fortuna gira parejo y que algún día van a sufrir en carne propia lo que practican a diario. Paciencia es lo único que falta para poder ver como terminan revolcados en su propio fango porque, como dice el dicho, ‘siembra vientos y recogerás tempestades’, dado que los oídos que hoy se prestan para escuchar sus mentiras y falsedades, se convertirán mañana en lengua que devolverá el juego al mismo lugar de donde nació.

Si esto te está ocurriendo a ti, si estás padeciendo y sufriendo por personas de este tipo, te recomiendo como mejor defensa el silencio y la indiferencia. Al principio es duro no replicar, no responder, no aplicar la Ley del Talión (o Ley del Desquite). Seguramente te vas a sentir vilipendiado y descalificado en ese momento y el impulso primario va a ser que todo el mundo conozca tu verdad… Pero luego te das cuenta que no vale la pena, que quien te conoce sabe quién eres y que, en definitiva, si se dejan llevar por las habladurías sin medir los hechos, mejor es tener lejos a esas personas que consideras afines porque en verdad nunca creyeron en ti, ni apreciaron tu forma de ser.

Olvídate de quien esparce por el mundo mentiras y falsedades, vive tu vida sin rencores y recuerda muy bien una genial frase del poeta Antonio Porchia, que aplica perfecto para aquellas personas que buscan hacerte daño impunemente y dice: ‘tú piensas que me matas y yo que te suicidas’… Es claro ¿no? Entonces ahora: ¿Cuál es el juego? o mejor ¿Cuál es tu juego?

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