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Cuanto más trato a la gente…

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Tab Machado
Tab Machado

Si hay algo por lo que se recordará a la sociedad actual, en un futuro, es por su alocada intención de transgredir compulsivamente todas las leyes establecidas a largo de la historia como cánones de conducta y/o valores morales. Esto pasa porque el ser humano ha confundido, en los últimos 50 años, libertad con libertinaje y en su afán por demostrar su independencia y libre albedrío, ha derribado, borrado y pisoteado la barrera del respeto, la educación, el bien ajeno, la conducta y los modales. Es

por eso que hoy la mayoría de las personas solo se sienten libres si rompen las reglas, contravienen la moralidad o desprecian olímpicamente las mínimas normas de la urbanidad.

Sin embargo, lo que le ha faltado entender al ser humano en todo este tiempo, es que para ejercer y disfrutar de esa libertad irrestricta debería de vivir individualmente, porque si lo hace en sociedad, sus derechos terminan justo donde empieza el derecho de los demás, por lo que se tiene que acostumbrar a tener límites y, sobre todo, a respetarlos… Esa justamente es la ironía más grande de nuestro mundo actual: quiero vivir en sociedad con los demás pero que ellos respeten mis derechos sin yo respetar los suyos…

Recuerdo una historia que encaja perfectamente en esta columna y es un claro ejemplo de lo que queremos remarcar: cuentan que un hombre escribió un correo electrónico al dueño de un pequeño hotel de una ciudad a la que planeaba visitar durante sus vacaciones. En él, luego del saludo de rigor, le realizó al propietario el siguiente planteo: “Me gustaría llevar conmigo a mi perro. Está bien educado y sabe comportarse. ¿Me permitirían ustedes tenerlo conmigo en la habitación durante la noche?”

La respuesta del propietario del hotel fue inmediata y decía: “Hace muchos años que trabajo en este hotel. Durante todo este tiempo, nunca ha venido un perro que robara las toallas, la ropa de cama o la cubertería de plata y tampoco los cuadros de las paredes. Jamás he tenido que llamar la atención a un perro a altas horas de la noche por estar borracho y armar escándalo y tampoco ha venido ninguno que se fuera sin pagar la cuenta. Esté tranquilo, su perro será bienvenido en el hotel. Y si él se hace responsable de usted, también a usted lo recibiremos con mucho gusto”.

La alegoría de la historia es perfecta: si quieres vivir en sociedad recuerda que tus derechos terminan cuando empiezan los de los demás y que no es rompiendo sistemáticamente las reglas y los valores morales que vas a ser más libre. Es por eso que, mientras el hombre insista en vivir en sociedad creyendo que solo sus caprichos valen, cobrará mas fuerza el dicho popular que dice: cuanto más trato a la gente, mas quiero a mi perro…

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