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¡Cuidado con las alergias!

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El número de personas afectadas por alergias primaverales crece de forma imparable año tras año y son provocadas por sustancias llamadas alérgenos.

Una alergia es una reacción exagerada de respuesta del sistema inmunológico ante cualquier sustancia extraña que considera potencialmente peligrosa

para la salud. Cuando esta sustancia entra en nuestro cuerpo o se pone en contacto con él, se generan rápidamente una serie de respuestas que tienen como objetivo la defensa del organismo. Primero se produce una fase de reconocimiento en la que nuestro sistema inmunológico trata de averiguar de qué tipo de partícula se trata; luego, si considera que es peligrosa, los leucocitos (células de la sangre altamente especializadas) se constituirán en un auténtico ejército para tratar de acabar con aquellos virus, bacterias, pólenes o cualquier otro elemento extraño que pueda dañarnos. Algo que hace a través de los macrófagos (monocitos) y neutrófilos cuya acción es, en ocasiones, suficiente. Pero no siempre. En tales casos, como quiera que toda sustancia extraña posee un antígeno que facilita su reconocimiento, los linfocitos se ocupan de identificarlos y de producir los anticuerpos necesarios para combatir a los agentes invasores.

Si ello no es suficiente aún, nuestro cuerpo opta entonces por fabricar diversas sustancias naturales a fin de combatir a los invasores, entre las que destaca la histamina. El problema aparece cuando este sistema se activa de forma incontrolada y el número de anticuerpos resulta excesivo. A eso precisamente se denomina una “reacción alérgica”.

La tos es un síntoma común de esas alergias de primavera, como la rinitis alérgica (fiebre del heno). Es más, la tos es el síntoma respiratorio más común por el que los pacientes buscan atención médica.

Las alergias de primavera son provocadas por sustancias llamadas alérgenos. Los alérgenos son con frecuencia sustancias comunes, generalmente inofensivas, como el polen, esporas del moho, caspa de animales, el polvo, ciertas comidas, el veneno de ciertos insectos y ciertos medicamentos. La tos es una forma en que el organismo se protege de estos alérgenos. Ayuda al remover mucus, fluidos e infecciones de las vías respiratorias. Toser no siempre significa que hay un problema, pero toser por la noche, después de irse a dormir, casi siempre es anómalo y requiere atención médica.

Tipos de alergia

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Existen muchos tipos de alergia. De hecho, casi todo el mundo reacciona de forma hipersensible a alguna sustancia concreta. De ahí que las alergias se clasifiquen según su causa y la parte del cuerpo a la que afectan. Obviamente, el mejor modo de combatirlas es evitar la exposición al agente desencadenante pero eso no siempre es posible.

La rinitis alérgica es en esta época la más frecuente y viene provocada por partículas que transporta el aire (por lo general, polen y hierbas) aunque en ocasiones se trata de mohos, polvos o hasta caspa procedente de los animales. Este tipo de alergia son las llamadas primaverales. Hay otros episodios alérgicos que tienen un origen bien distinto: la intolerancia a un alimento o fármaco concreto, las picaduras de insectos, la reacción ante un estímulo físico (la luz solar, el frío o el calor) o el ejercicio excesivo que, frecuentemente, provoca ataques de asma.

La fiebre del heno

Así se conoce también a la alergia al polen, una de las más frecuentes en primavera. Detectada por primera vez hace casi dos siglos, el número de personas que sufren las consecuencias de este tipo de alergia es cada vez mayor, especialmente en los países industrializados. Y mayor también en las ciudades que en el campo. Algo que en principio no parecería tener sentido si el desencadenante del proceso fuera sólo la concentración de polen en la atmósfera ya que ésta es menor en las ciudades. Contradicción que se explica porque, según las últimas investigaciones, la causa del aumento de las alergias primaverales estaría en la mayor contaminación atmosférica a causa del petróleo y sus derivados, cuyo espectacular aumento de consumo en el último medio siglo habría vuelto cada vez más alergénicos a los pólenes y más sensibles a esas sustancias a las personas. Otros estudios apuntan, además, que en estos casos la respuesta inmunológica es más virulenta que la que se desata en una atmósfera limpia.

Un solo grano de polen no es capaz de desatar un episodio alérgico. Para que esto suceda es preciso que la concentración sea, en general, de más de 50 granos por metro cúbico. Es entonces cuando la irritación ocular, el lagrimeo, los picores, los estornudos y hasta las crisis asmáticas pueden hacer su aparición. De hecho, más del 80% de los problemas de asma bronquial están producidos por una alergia.

Prevención de los síntomas de alergia

Si se toman las precauciones adecuadas, no hay razón por la que ni siquiera los que padecen las peores alergias tengan que tolerar los síntomas. Las siguientes recomendaciones pueden servirle para aliviar los síntomas en esta temporada de alergias:

Haga una limpieza de primavera a fondo: las ventanas, los libreros y las salidas del aire acondicionado acumulan polvo y moho durante todo el invierno y pueden provocar síntomas de alergia. Posponga las actividades al aire libre hasta bien avanzada la mañana ya que el polen suele liberarse entre las 5 y las 10 a.m. Averigüe cuál es el conteo de polen de su localidad visitando el sitio web del Departamento Nacional de la Alergia.

Si es posible, use el aire acondicionado en vez de abrir las ventanas, cuando viaje en automóvil, suba las ventanillas y encienda el aire acondicionado, quédese bajo techo los días cálidos, secos y con mucho viento, no tienda su ropa para que se seque, porque recogerá alérgenos, no corte la hierba o recoja las hojas sin una máscara con filtro.

Lave semanalmente la ropa de cama con agua caliente. Dúchese y lávese el cabello cada noche antes de acostarse. Remueva el moho visible con productos de limpieza que no sean tóxicos y tenga cuidado del alto nivel de esporas de moho después de un aguacero o por la noche.

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