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Cuidado con lo que deseas

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Tab Machado

Cuidar la vida espiritual no es únicamente vestirse de gala e ir a la iglesia, confesarse, entregar un dinero para limosna y creer que con eso el cielo ya está ganado.  Cuidar, estimular, vivificar y desarrollar con éxito la vida espiritual es practicar y sentir los valores humanos que nos han sido legados a través de los siglos, sin esperar recompensa alguna por ello.

La recompensa debe de ser la consecuencia de las acciones que practicamos, no la finalidad, por eso es tan difícil tener una vida espiritual verdadera, porque la gente siempre espera una recompensa por lo que hace y cree que si da, debe de

obligatoriamente recibir. O, lo que es peor, se cree con el derecho de recibir dadivas por el simple hecho de simular la práctica de los valores humanos, que son una mezcla armónica de los valores religiosos y morales que deberían imperar en toda nuestra sociedad.

Cuenta una historia aleccionante que una vez Satanás hablaba con un hombre y le  dijo: “¿Qué pides tu a cambio de tu alma?” Entonces el hombre le respondió con avidez y astucia: “Exijo riquezas, posesiones, honores… también juventud, poder, fuerza… exijo sabiduría, genio…  renombre, fama, gloria… placeres y amores… ¿Me darás tu todo eso?”

“No te daré nada” dijo entonces Satanás, así que el hombre volvió a decirle con desdén, “Entonces no te daré mi alma”.  Y Satanás, retirándose victorioso del lugar le expresó: “No importa lo que me digas, porque tu alma ya es mía”.

Mientras nos conformemos simplemente con recitar fría y monótonamente lo que se debería de hacer para tener una vida con propósito, mostrándole a nuestros congéneres una fachada bonachona pero sin una práctica efectiva de los verdaderos valores humanos, simplemente seremos sepulcros blanqueados:  limpios y brillantes por fuera pero con el espíritu muerto por dentro.

Es que el hombre quiere siempre lo máximo con el mínimo de los esfuerzos. Nadie quiere esperar, nadie quiere basar su vida en cimientos y conceptos firmes y duraderos. Todo lo contrario, para el hombre todo es breve, efímero, fugaz y su única satisfacción es el logro personal, aun por encima del bien común.

Por eso, si de verdad queremos vivificar y desarrollar con éxito nuestra vida espiritual debemos aprender a sumar valores positivos en nuestra vida y a convivir con los demás de tal modo que, cada acción nuestra, sea una invitación a vivir la vida a través de los buenos valores que representamos…

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