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¡dadivaN zileF!

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Tab Machado

Han pasado exactamente 10 días y todavía me pregunto que celebró la gente el 25 de diciembre. Seguramente la mayoría de las personas responderá ¡Navidad! (palabra que según el diccionario de la Real Academia Española se explica textualmente como: nacimiento de Jesús) y entonces quedaré más confuso que antes… Es que celebrar es realizar un acto o una acción para conmemorar, festejar y alabar a algo o a alguien y, francamente, creo que lo menos que hace la generalidad de la gente en Navidad es evocar, rememorar y/o revivir el nombre, la figura y el mensaje de Jesús. Es más, estoy convencido que la gente le ha dado tanta importancia a los regalos materiales que se entregan esos días que lentamente Santa Claus ha ido desplazando a un segundo plano al redentor de la humanidad y a las pruebas me remito.

Las ‘reuniones’ familiares y de amigos se han convertido en una simple competencia para ver quien entrega los regalos más caros y quien luce la mejor ropa. La gente se preocupa por decorar sus casas y sus mesas con suntuosidad y opulencia e inmediatamente saca fotos para hacerlos desfilar en las redes sociales y ser le envidia de los demás… Luego, por si fuera poco, se entrega al frenesí del alcohol, la ingesta abusiva de todo tipo de comidas y a escuchar y bailar con música que poco y nada tiene que ver con una fiesta que debería de ser absolutamente espiritual…

La ‘celebración’ de la Navidad se ha vuelto así la más absurda, paradójica, incompatible y contradictoria festividad realizada por el ser humano, dado que se celebra con ostentación, exhibicionismo, vanidad y jactancia que es la antítesis exacta de cómo vivió y el mensaje que proclamó Jesús que, en teoría, (¡vaya paradoja!) es el festejado.

Precisamente Jesús en el Sermón del Monte, que es un texto verdaderamente imperdible y aleccionador para todos (creyentes y no creyentes) dado que es una muestra sublime de cómo debería de ser y vivir la humanidad entera, al hablar de la riqueza dice: “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No puedes servir a Dios y a las riquezas”.

Por eso, como soy un optimista incorregible, espero que la Navidad del 2013 podamos dar vuelta el titulo de esta editorial y poder decir realmente: ¡Feliz Navidad!

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