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Depende lo que quieras creer…

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La gente suele buscar a tientas, a veces hasta casi que obcecada y tercamente, lo que cree que es imposible que sea real, por eso frecuentemente no ve las señales aún cuando ocurren ante sus propios ojos.  Mi madre, por ejemplo, me comentó en cierta ocasión que se había encontrado con una amiga que estaba decepcionada porque Dios no existía o, por lo pronto, a ella no se le revelaba. Decía, esta señora, que había llegado a dicha conclusión porque había pasado horas y horas en iglesias y templos pidiéndole a Dios una señal inequívoca de su existencia y que él nunca se la había dado. Que el silencio del creador había sido profundo y que era por eso por lo que había dejado de creer…

A veces uno pide y a otro se le concede sin pedir (vaya a saber porque) o a veces uno pide y se le otorga pero, como es escéptico, cualquier prueba será refutable y siempre se buscará un testimonio mayor o más fehaciente, para convencerse de que es real…

Cuento una experiencia personal, tal y como sucedió, sin pedirle a nadie que mi experiencia cambie su forma de pensar porque cada quien elige creer en lo que quiera…

Hace muchos años, apenas unos meses después de haber dejado mi pueblo natal para irme a la capital en busca de terminar mis estudios, me ocurrió algo reamente excepcional. Un amigo me invitó a ir a ver un partido de futbol importante (él era jugador de uno de los equipos pero estaba lesionado y ese día no iba a jugar). Era una de mis primeras experiencias en la capital y todo era novedad… Antes de salir para el estadio me fijé en los precios de las entradas y tomé el dinero justo para ir a la tribuna (o gradería) principal. Al llegar al estadio, mi amigo me dijo: “yo voy a pasar por los vestidores para ver a mis compañeros y de ahí voy a la gradería y nos encontramos” y se fue….

Cuando quedé solo me fui a comprar mi ticket de entrada y al llegar a boletería, luego de hacer una larga fila, pedí un boleto para la tribuna principal. Grande fue mi sorpresa al enterarme, allí, que la gradería principal era mucho mas cara de lo previsto y que me había equivocado al mirar los precios, así que el dinero que tenía solo me alcanzaba para la tribuna de enfrente a la principal como máximo…

Confundido y preocupado me retiré de la boletería sin mi ticket de entrada y en medio de un gran mar humano (había allí unas 10,000 personas en ese momento) miré al cielo y dije: “Dios y ahora ¿Qué hago? ¡Ayúdame por favor!”… Y lo increíble aconteció: un hombre que estaba muy lejos de mi comenzó a apartar personas y a moverse directo a mí. Recorrió unos 50 metros entre mucha, mucha gente y al llegar me miró y me dijo: “¿Vas a entrar al estadio?” Yo le respondí: “Si, pero”… y el hombre (que iba con un niño) no esperó a saber cuál era el ‘pero’, me extendió un ticket de entrada y me dijo: “es para la tribuna principal, alguien iba a venir conmigo pero no llegó”. Atontado por lo impactante de la situación le dije: “¿Cuánto le debo?” y él me dijo simplemente: “Nada, disfruta del partido” y se perdió entre la multitud que entraba…

Cuando finalmente le conté a mi amigo (ya en la tribuna) no lo podía creer… Buscamos al buen hombre para invitarlo con un café, pero había mucha gente y jamás lo vimos… ¿Increíble verdad? Aun al contarlo hoy se me anuda la garganta… ¿Casualidad o causalidad? Como dice el título: depende lo que quieras creer…

 

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