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Desapariciones inquietantes

Desapariciones inquietantes

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Esta semana iniciamos una serie de narraciones sobre desapariciones fantásticas e increíbles que han tenido en vilo a pueblos, comunidades y regiones enteras. La primera de ellas es la desaparición de los niños Sodder.

Durante la Nochebuena de 1945, un gran incendio consumió completamente el interior del hogar de la familia Sodder en la localidad de Fayetteville, West Virginia. George y Jennie Sodder escaparon con cuatro de sus hijos, pero otros cinco quedaron atrapados dentro de la casa en llamas. Los Sodder tenían diez hijos en total pero en esa ocasión solo había nueve en la casa dado que Joseph, uno de ellos, se había enrolado en el ejército y había sido movilizado con su regimiento.

Tras el incendio no se encontraron los cuerpos de los niños, ni ningún tipo de resto óseo de ellos, algo muy extraño, ya que la casa ardió rápidamente y no habría dado tiempo a que los cuerpos de los niños hubieran quedado completamente incinerados.

Los peritos del lugar realizaron pruebas con cadáveres de diversos animales simulando el incendio producido en la casa de los Sodder para conocer lo ocurrido pero, invariablemente, en el lugar siempre quedaban restos de dichos animales.

A los acontecimientos de aquella noche, le siguió el descubrimiento de que la línea telefónica de la casa había sido cortada antes del fuego, por lo que la ausencia de restos, convenció a la familia de que los niños habían sido secuestrados y que el fuego no era más que una distracción para hacerles creer a todos que los pequeños habían muerto. Incluso meses antes del incendio, un vecino había ofrecido a los Sodder un seguro de vida para toda la familia y la negativa de George (el padre) había derivado en una discusión en la que el vendedor había terminado amenazándolo. Al parecer los Sodder trataron por todos los medios de que la policía abriese una investigación, pero recibieron una negativa por respuesta porque para ellos el caso estaba cerrado. La familia Sodder llegó a ofrecer incluso una recompensa de $ 5000, que luego se aumentó a $10.000, por cualquier pista que llevase a esclarecer el destino de sus hijos. Esto provocó la aparición de mucha gente con pruebas o que afirmaba haber visto a los niños o conocer su paradero, pero toda información nunca dio un resultado positivo.
El caso es que el tiempo pasó y el caso fue quedando en el olvido dentro de la comunidad hasta que un día de 1968, más de veinte años después del terrible y voraz incendio que desmembró a la familia, los Sodder recibieron por correo una carta a nombre de Jennie Sodder (la madre) que contenía una fotografía de un joven que en su parte posterior llevaba una inscripción que decía “Louis Sodder. I love brother Frankie. Ilil Boys. A90132 (o 35)”. Los Sodder reavivaron su esperanza de encontrar a sus hijos y volvieron a investigar de nuevo, pero fue en vano. El joven de la fotografía jamás pudo ser identificado y ellos murieron con la angustia de no poder saber lo que realmente pasó con sus hijos.

La extraña desaparición de de Louis Aimé Le Prince 

Otra historia también misteriosa es la desaparición de Louis Aimé Le Prince  considerado por muchos historiadores como el verdadero inventor del cine, realizando sus primeras imágenes en movimiento en octubre del año1888, en la obra titulada La escena del jardín de Roundhay, de apenas dos segundos de duración, con la ayuda de una lente única y una película de papel.

Con La escena del jardín de Roundhay, y poco después con El Puente de Leeds Le Prince se adelantó varios años a otros nombres ilustres como Thomas Edison, que realizó su primera película en 1891 o los hermanos Lumière, que hicieron lo propio en 1892. Por desgracia Le Prince nunca fue capaz de realizar una representación pública en Estados Unidos, porque desapareció misteriosamente en un tren que unía Dijon y París el 16 de septiembre de 1890, sin que su cuerpo o su equipaje fueran encontrados nunca.

En 1888 a Le Prince se le concedió en América una doble patente por un dispositivo de 16 lentes que combinaba una cámara de cine con un proyector. En cambio, la patente para un tipo de lente única fue rechazada, aunque más tarde la misma patente fue aprobada para Thomas Edison.

En 1890, Le Prince se subió a un tren, prometiendo a sus amigos que volvería a París para ir con ellos al Reino Unido y más tarde a Estados Unidos para promocionar su nueva cámara. Sin embargo Le Prince jamás regresó y nunca más se le volvió a ver. La desaparición todavía, al día de hoy, es un gran misterio a pesar de que en el año 2003 se encontró una foto que data de 1890 en los archivos de la policía de París, en la que se aprecia un hombre ahogado que se parece a él. No obstante, nunca se comprobó que era la misma persona, dejando a Le Prince como el inventor que desapareció sin dejar rastro y sin la relevancia que merecería tener en la historia del cine.

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