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Desde Chicago a Aurora un grito resonó fuerte: ¡Viva México!

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El Grito
El Grito

La comunidad Mexicana de Illinois celebró en grande un nuevo aniversario del ‘Grito de Dolores’, con una serie de eventos que despertaron el regocijo y la emoción.

La Independencia de México fue celebrada en grande por la comunidad mexicana radicada en Illinois con una serie de eventos de gran jerarquía, tradición y cultura, que despertaron regocijo y emoción.

En el Millenium Park de Chicago  la Federación Jalisciense del Medio Oeste, en colaboración con la Sociedad Cívica Mexicana de Illinois, celebró “El Grito de

Independencia” con una gran festividad donde el entretenimiento incluyó danzas folklóricas, mariachis, bandas y actuaciones especiales de un gran elenco de artistas en una gran fiesta para toda la familia.

En Aurora mientras tanto, como ya es tradición, se llevó a cabo el Desayuno de los Pioneros Hispanos donde el Cónsul de México en Chicago, Eduardo Arnal Palomera, dio el tradicional “grito’. De esta manera la comunidad mexicana celebró con emoción y entusiasmo el 201 aniversario de su independencia.

La Independencia de México comienza a gestarse a principios de la década entre 1800 y 1810, cuando los colonos de la Nueva España, incluyendo a los ricos, criollos, indígenas y latifundistas, ya no deseaban compartir la riqueza del nuevo pueblo con los españoles, además que dentro de la Nueva España había mucha desigualdad social y éste era el pretexto principal para pensar en la Independencia.

El 16 de septiembre de 1810 es la fecha que marca el inicio del movimiento armado dirigido por Miguel Hidalgo, quien fuera el sacerdote, que logró movilizar a una gran parte del pueblo mexicano con lo que se conoce como ‘El grito de Dolores’, ya que hizo un llamado a los habitantes de La Nueva España en la iglesia de Dolores, Hidalgo.

El Grito
El Grito

Uno de los pretextos tomados por los criollos para reclamar la independencia de las colonias españolas fue la ocupación francesa de España, a principios del siglo XIX. En varias partes de América Latina tuvieron lugar algunas rebeliones independentistas, algunas más exitosas que otras. México no fue la excepción. Los primeros intentos separatistas de Nueva España corresponden los hechos ocurridos durante la Crisis política de 1808 en México, se formó una Junta de Gobierno la cual contaba con cierta simpatía del virrey José de Iturrigaray, pero un golpe de Estado realizado por Gabriel de Yermo depuso al virrey y, a consecuencia, se encarceló a los promotores de la junta: Melchor de Talamantes, Juan Francisco Azcárate y Lezama, Francisco Primo de Verdad y Ramos y José Antonio de Cristo. La Real Audiencia, que favorecía a los golpistas, nombró a Pedro de Garibay como virrey interino y toda idea de separatismo fue sofocada. Las reuniones entre criollos continuaron, pues la inconformidad con su situación secundaria en la sociedad novohispana y la ocupación francesa de la metrópoli eran la oportunidad para conseguir un gobierno local. El siguiente intento por establecer un congreso independiente y autónomo fue la Conjura de Valladolid en 1809, pero fue descubierta y sus miembros fueron procesados.

La conspiración de Querétaro sería finalmente la que desataría la revolución de Independencia de México. En la conspiración participaban, entre otros, los corregidores de la ciudad de Querétaro, Josefa Ortiz de Domínguez y Miguel Domínguez; Ignacio Allende y Juan Aldama y el cura Miguel Hidalgo. Sería este último quien daría el llamado ‘Grito’ a la insurrección en el pueblo de Dolores, Guanajuato, el 16 de septiembre de 1810.

Tras varias victorias, entre las que destacan la toma de Guanajuato, Valladolid y la derrota que propinaron a las tropas realistas en Cerro de las Cruces, el ejército insurgente se retiró hacia occidente. Fueron derrotados en la Batalla del Puente de Calderón por Félix María Calleja, a la postre, virrey novohispano. Las tropas realistas persiguieron a la insurgencia hasta apresarlos en Acatita de Baján, Coahuila. Los líderes fueron fusilados y sus cabezas exhibidas en las cuatro esquinas de la Alhóndiga de Granaditas, en Guanajuato. Esto fue en el año 1811.

Para este tiempo, la insurgencia se había hecho fuerte en el sur de la intendencia de México. Al frente de la tropa se hallaba el cura y Generalísimo José María Morelos y Pavón, quien había recibido la orden directa de Hidalgo de encabezar la revolución en la Sierra Madre del Sur. Entre los triunfos más sonados de Morelos y su ejército se encuentra el sitio de Cuautla, que fue roto tras casi un año de asedio realista.

Morelos convocó al primer congreso independiente en 1813, en Chilpancingo, al que acudieron diputados de las provincias del naciente país, los cuales firmaron el Acta de Independencia de la América Septentrional y promulgaron la Constitución de Apatzingán un año más tarde, sobre la base del documento escrito por Morelos, llamado ‘Sentimientos de la Nación’.

Sin embargo, los realistas terminaron por minar la capacidad bélica del ejército insurgente y finalmente, Morelos fue aprehendido en Tezmalaca y conducido a la Ciudad de México, donde fue enjuiciado, degradado, excomulgado y hecho preso. Finalmente fue fusilado en San Cristóbal Ecatepec, el 22 de diciembre de 1815.

A esas alturas, el ejército insurgente había entrado en una fase defensiva. Habían sido fusilados Matamoros y Morelos, muertos en combate fueron algunos de los Galeana. Los únicos frentes fuertes eran el veracruzano, al mando de Guadalupe Victoria, y el de Vicente Guerrero, en el sur de México. En el norte, la campaña relámpago de Pedro Moreno y Francisco Javier Mina, había concluido desastrosamente, a pesar de sus triunfos iniciales.

De esta manera, la revolución popular de independencia mexicana se hallaba muy lejos del triunfo. El virrey Apodaca había ofrecido indulto a los insurgentes, lo que minó el ejército en resistencia. La oferta llegó a Guerrero por conducto de su padre y la rechazó con la famosa frase “la Patria es primero”, que hoy está escrita con letras de oro en el Palacio Legislativo de San Lázaro. Aprovechando la situación, algunos militares criollos tomaron la dirección del movimiento.

Agustín de Iturbide selló un pacto con Guerrero, jefe de los insurgentes surianos, en compañía de quien promulgó el Plan de Iguala en 1821. Poco tiempo después, llegó el nuevo virrey de Nueva España, Juan O’Donojú, que también sería el último y que aceptó firmar el acta de independencia de México el 27 de septiembre de 1821.

Los primeros reconocimientos a la nación independiente provinieron de Chile, Gran Colombia y Perú. En 1825, Estados Unidos reconoció a la nueva nación hispana con los límites de 1820 establecidos por el gobierno estadounidense y la Corona de España, por el Tratado de Adams-Onís. Los límites estaban fijados por el paralelo 42ºN, las Rocallosas, el río Nexpentle, el río Rojo y el río Sabina hasta desembocar en el Golfo de México.

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