Desorientado como piojo en una peluca

Mientras una parte de la humanidad le hace bullying sostenido y persistente a la fracción restante, tratando de calmar sus ardores de poder, yo miro desde mi ventana el cielo esperando ilusa y ávidamente ver un prodigio (divino o fortuito) que cambie el rumbo de las cosas y modifique el individualismo feroz y cruel que domina firme y enérgicamente al género humano.

Alguien me dijo, hace ya un tiempo, que las personas funcionan únicamente impulsadas por 3 motivos: poder, dinero y/o fama, por lo que simplemente basta con conocer cuál es su móvil o razón para conocer sus apetencias y sus afanes. De esta manera, además, es muy fácil manejar la voluntad del sujeto, porque basta con dar o tan solo prometer un poco de cualquiera de esos elixires, para tenerlo firmemente enganchado al anzuelo de una ilusión que solo beneficia a quien lo lanza con habilidad.

Por eso me siento desorientado como piojo en una peluca cuando escucho decir a la mayoría de las personas, con plañidera insistencia, que todos deberíamos ser más solidarios, comprensivos, unidos, cuando lo que en verdad desean, quieren y buscan es que esa solidaridad, comprensión y unidad sea solo en beneficio de ellos. No quieren dar, pretenden recibir, no buscan comprender sino que anhelan únicamente ser comprendidos, no desean trabajar en grupo para alcanzar logros compartidos, necesitan de un grupo que trabaje por o para ellos y sus logros individuales.

Y no crean que cuando digo esto me refiero a que únicamente individuos de estratos sociales distintos, diferente credo, raza, lenguaje y/o cultura, abusan de otros que no tienen su misma idiosincrasia. Lamentablemente el individualismo se ha vuelto tan feroz, cruel y despiadado que, con tal de alcanzar el bien propio, ya no se respeta cercanía, ni rasgos comunes, étnicos y/o familiares. Tristemente todo vale y nada importa mas allá del logro personal…

Quizás sea por eso que, desde hace un tiempo, prefiero no asistir a celebraciones y fiestas por voluntad propia, dado que se han convertido en una competitiva ostentación de esas tres palabras que subyugan a la humanidad: poder, dinero, fama y ninguna de ellas forma parte de mi léxico…

A esta altura de mi vida lo que busco en realidad es optimizar mi tiempo haciendo cosas que me gustan, por lo que no puedo darme el lujo de perderlo con personas que no comparto en lo absoluto mis ideales y mis perspectivas… Además, me he convencido de que es absolutamente inútil tratar de agradarle a quien no le importas, ni tratar de cautivar a todo el mundo ya que nadie es monedita de oro para que te quieran y porque, a pesar de hacer el mejor esfuerzo, siempre va a haber alguien que critique tu forma de ser o trate de manipularte…

Ya no me importa lo que diga la gente, ni lo que murmure de mí, la vida es demasiado corta y he decidido aceptar el consejo de mi padre de que: “si tú pones la cabeza en la almohada y duermes tranquilo, es lo único que realmente importa”.

Hoy trato de vivir de acuerdo a mis principios y a lo que me hace feliz, por lo que solo busco compartir mi tiempo con personas que construyan, que busquen un destino mejor para todos, que su risa sea franca, que no tengan dos caras como el queso y que, fundamentalmente, armonicen sus palabras con las acciones que realizan. Aquellas personas que no cumplan con estos principios primordiales pueden abstenerse de tenerme en su lista. ¡Muchas gracias!

 

 

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