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Discernir: ¡he ahí la cuestión!

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Tab Machado

En un mundo difícil, complicado, duro, con muchas situaciones al límite, los seres humanos suelen buscar respuesta a sus males apoyándose en el consejo de terceros que, si bien no es mala práctica, hay que prestar mucha atención a quien es el que te brinda la sugerencia o asesoramiento porque muchas veces, más que ayuda, esas pláticas te empujan aun más hacia el vacio del precipicio.

Es que aconsejar no es nada sencillo y aun quien responde a los exhortos de un aporte de ideas puede, tratando de hacer un bien, conducir a la persona que tiene el problema por senderos más complicados al camino que

transitaba, por carecer de experiencia en la temática.  Del mismo modo están aquellos que aprovechan la confusión de quien está envuelto en un problema para llevar agua a su propio molino y también hay personas que, para sacarse de encima el peso de la responsabilidad, dicen lo primero que se le venga a la mente sin aportar nada en la solución a un tema determinado.

Esto me hace recordar una historia que leí hace unos días sobre un servidor público recién nombrado que estaba instalándose en su nueva oficina. Al sentarse ante su escritorio por primera vez, descubrió que su predecesor en el puesto le había dejado tres sobres con instrucciones que deberían abrirse únicamente en tiempos de angustia.

No habían pasado muchos días antes que el hombre entrara en conflicto con la prensa, así que decidió abrir el primer sobre. La nota decía: “Échele la culpa a su predecesor”. Y eso fue lo que hizo, por lo que durante un tiempo todo anduvo bien.

Sin embargo unos pocos meses más tarde, de nuevo estaba en problemas, así que procedió a abrir el segundo sobre. La nota decía: “Reorganícese de inmediato”.

El hombre siguió al pie de la letra las instrucciones, lo que le permitió disponer de más tiempo pero, debido a que en realidad nunca había resuelto ninguno de los asuntos que estaban complicándole la vida, volvió a tener problemas y, esta vez, peores que nunca. De modo que, desesperado, abrió el último sobre. La nota adentro decía: “Si ninguno de los consejos anteriores resolvieron sus problemas vaya preparando tres sobres”.

Pedir consejos es de sabios pero asegúrese que al que le pida una ayuda u orientación sea alguien que haya aprendido a convertir sus propios fracasos en triunfos, sino jamás alcanzará a salir de sus problemas. Recuerde que, discernir a tiempo quien es la persona adecuada para brindarle un consejo, puede ser tan útil como el propio asesoramiento que se va a recibir…

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