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El amor verdadero nace y perdura en el corazón
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El amor verdadero nace y perdura en el corazón

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Tab Machado
Tab Machado

El amor puro y verdadero nace, se establece y perdura siempre dentro del corazón. Hay muchas emociones de similar sensación e intensidad pero menor duración que, por un momento, confunden y hacen pensar al ser humano que disfruta del amor. Sin embargo, luego de cumplir con su etapa requerida, esos impulsos simplemente ceden y desaparecen dejando a la persona tan vacía como sedienta de experimentar nuevamente lo que dicta el instinto, pero no el corazón…

Hay muchas personas, incluso, que creen que la consanguinidad es sinónimo obligado de amor, pero ese mito se cae a pedazos apenas damos una ojeada a nuestras malgastadas vidas y vemos madres y padres que han procreado pero ni siquiera hablan con sus hijos, los abandonan o simplemente los usan para fines propios sin importarles un ápice sus sentimientos. Hermanos y hermanas que viven peleándose, midiendo su estatura (económica, social e individual) para ver quién es más que quien y como presumirlo. Hijos que solo les importa cuánto reciben de sus padres pero son incapaces de expresar un solo sentimiento a favor de sus progenitores…

Afirmando el concepto de que todo amor debe de nacer y sostenerse en el corazón y no en la razón, el instinto, ni el parentesco, vemos padres adoptivos amorosos y preocupados por sus hijos, amigos que profundizan sus lazos fraternales hasta volverse hermanos de la vida e hijos adoptivos para los cuales sus padres son lo más preciado que tienen.

Claro que la vida es como una gran botica y en ella hay de todo, pudiendo encontrar ejemplos buenos y malos en cada uno de los patrones recién mencionados, pero siempre que el amor triunfe será porque está fundamentado en lo profundo del corazón.

Cuenta una historia que una joven princesa buscaba un joven para desposarse. Señores aristócratas y adinerados habían llegado de todas partes para ofrecer sus maravillosos regalos, joyas, tierras, ejércitos y tronos. Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo, que no tenía más riquezas que amor y perseverancia.

Cuando le llegó el momento de hablar, dijo: “Princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de mi amor. Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas. Ésa es mi dote”…

La princesa se conmovió con semejante gesto de amor y decidió aceptar la propuesta, por lo que le dijo al joven: “Tendrás tu oportunidad: Si pasas la prueba, me desposarás”.

El joven se sentó bajo su ventana y allí pasó los días, soportando las inclemencias del tiempo y mirando al balcón de su amada, la cual se asomaba a diario para observar el esfuerzo del joven.

Al llegar el día noventa y nueve la gente se reunió para animar a quien sería el próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, hasta que, de pronto, cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la infanta, el joven se levantó y sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar.

Unas semanas después, mientras el joven deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó: ¿Qué fue lo que te ocurrió? Estabas a un paso de lograr la meta. ¿Por qué perdiste esa oportunidad?  ¿Por qué te retiraste? Con profunda consternación el joven contestó en voz baja: “No me ahorró ni un día de sufrimiento… Ni siquiera una hora… NO MERECÍA MI AMOR…

La pasión es pasajera y el placer por su propia naturaleza es frágil y perecedero, por lo que el amor verdadero se fragua en el corazón y se va refinando con la convivencia compartida de dichas, alegrías, sufrimientos y problemas… Recuerda siempre que el único amor verdadero que existe y perdura en el tiempo es el que nace en el corazón, no en la sangre, ni en el cerebro… y si allí no puedes afincar ese sentimiento, jamás podrás hacer de él algo duradero.

 

 

 

 

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