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El amor y la libertad…

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Amar y sobre todo ser amado es una de las principales metas que tiene el ser humano en la vida y, aunque lo esconda muy bien bajo su instinto individualista, el hombre no concibe la vida si no está en pareja… De nada vale el poder, la riqueza, los logros personales y el patrimonio adquirido si falta alguien con quien compartir todas esas conquistas…

Desde niños hemos sido preparados y educados para eso: para convivir, entregarnos y compartir con alguien más nuestras fuerzas y nuestras debilidades, de modo que sea más ágil la carga que se lleva en la vida. Lo más irónico e increíble es que, promedialmente, cuanto más dinero, poder y riqueza se acumulen, menos probabilidades hay de encontrar una persona que comparta todo, auténticamente y sin ningún interés de por medio… También resulta asombroso que, cuanto más se quiera retener a una persona a nuestro lado, más fácil es que se vaya… La fuerza, el autoritarismo, la intimidación, la desconfianza, los celos y finalmente la violencia, son argumentos que muchas veces se utilizan para matar el amor, por eso hoy les voy a decir que existe una receta mágica para que un verdadero amor dure para siempre…

Cuenta una historia que una vez un guerrero indígena muy respetado y la hija de la matrona de la tribu, se enamoraron. Se amaban profundamente y pensaban casarse, para lo cual tenían ya el permiso del cacique de la tribu. Pero antes de formalizar el casamiento fueron a ver al Brujo, un hombre muy sabio y muy poderoso, para saber si los Dioses iban a proteger su amor.

El brujo les dijo que ellos eran buenos muchachos, jóvenes y que no había ninguna razón para que los dioses se opusieran. Entonces ellos le dijeron que querían hacer algún conjuro que les diera la fórmula mágica para ser felices siempre…

El brujo les dijo: “Bueno hay un conjuro que podemos hacer, pero no sé si están dispuestos porque es bastante trabajoso”.

Los enamorados respondieron que estaban dispuestos a todo para asegurarse la felicidad eterna de la pareja… Entonces el brujo le pidió al guerrero que escalara la montaña más alta y buscara allí al halcón más vigoroso, el que volara más alto, el que pareciera más fuerte, el que tuviera el pico más afilado y que se lo trajera vivo a su tienda.

A su vez le dijo a ella: “a ti no te va a ser fácil, vas a tener que ir al monte, buscar el águila que sea la mejor cazadora, la que vuele más alto, la que sea más fuerte, la de mejor mirada, vas a tener que cazarla sola, sin que nadie te ayude y vas a tener que traerla viva aquí”.

Cada uno salió a cumplir su tarea y al cabo de cuatro días volvieron con el ave que se les había encomendado, entonces le dijeron al brujo: “Acá está lo que nos pediste… ¿Ahora qué hacemos con ellas?”

Entonces el brujo les dijo “ahora vamos a hacer el conjuro”…

“¿Volaban alto?”, preguntó. “Sí”, le dijeron los enamorados. “¿Eran fuertes sus alas, eran sanas, independientes?”, volvió a inquirir el brujo. “Sí”, contestaron los jóvenes. “Muy bien”, dijo el brujo nuevamente, “ahora átenlas entre sí por las patas y suéltenlas para que vuelen”…

Entonces el águila y el halcón comenzaron a tropezarse, intentaron volar, pero lo único que lograban, era revolcarse en el piso y se hacían daño mutuamente, hasta que empezaron a picotearse entre sí.

Los jóvenes miraban asombrados y fue entonces cuando el brujo les dijo nuevamente: “Este es el conjuro: Si ustedes quieren ser felices para siempre vuelen independientes y jamás se aten el uno al otro”…

Un viejo proverbio dice que, “si amas algo déjalo libre si vuelve es tuyo y si no, nunca lo fue”… Feliz día de San Valentín.

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