El arte de relacionarse bien con los demás

Las habilidades sociales y el arte de relacionarse bien con los demás nos permiten interactuar positivamente con las personas que nos rodean.

La capacidad individual para desarrollar habilidades sociales y/o relaciones humanas fluidas y positivas son un paso fundamental para nuestro desarrollo espiritual y psicológico. Las relaciones humanas  incluyen desde las relaciones de pareja a los intercambios entre padres e hijos, entre amigos y hasta el trato como con personas poco conocidas y hasta desconocidas.

Algunas personas son afortunadas y tienen estas habilidades sociales de forma natural, casi innata, y las aplican cotidianamente sin esfuerzo alguno. Hay otras sin embargo que no han desarrollado esas dotes y necesitan aprender a comunicarse mejor para tener una vida más positiva.

Vivir en buena relación con quienes nos rodean es un arte que puede aprenderse no sólo para caer bien a otros, sino porque la integración social es un factor clave del bienestar emocional. Las habilidades sociales son una serie de conductas y gestos que expresan sentimientos, actitudes, deseos y derechos del individuo, siempre de una manera adecuada y de modo que resuelven satisfactoriamente los problemas con los demás.

Si cultivamos y dominamos estas habilidades podremos conseguir satisfacciones en el ámbito de la familia, de las amistades y en las relaciones amorosas. E incluso nos ayudarán a la hora de conseguir un empleo, de relacionarnos con nuestros jefes y compañeros de trabajo y de convencer de nuestras posturas o planteamientos.

Debemos de tener en cuenta diferentes características físicas y emocionales para aprender a agradar a los demás y ganar amigos. Dentro de las primeras destacamos:

El lenguaje no verbal: El rostro expresa las seis emociones fundamentales: miedo, rabia, desprecio, alegría, tristeza y sorpresa. Y hay tres zonas de la cara que representan estas emociones: la frente con las cejas, los ojos y la zona inferior de la cara.

La mirada: Mirar a los ojos o a la zona superior de la cara ayuda a establecer el contacto y, dependiendo de cómo sean esas miradas, se expresan las emociones: se considera más cercanas a las personas que miran más a su interlocutor, pero no si es de forma fija y dominante. Y mirar poco puede ser signo de timidez. La mirada acompaña a la conversación: si miramos cuando escuchamos animamos a la otra persona a comunicarse. En cambio, mirar a los ojos cuando hablamos convierte nuestro discurso en más convincente.

La sonrisa: casi siempre denota cercanía, suaviza tensiones y facilita la comunicación. Pero si el gesto expresa ironía o escepticismo puede manifestar rechazo, indiferencia o incredulidad.

La postura corporal: Los gestos del cuerpo expresan cómo se siente interiormente la persona, se puede trasmitir escepticismo (encogiéndose de hombros), agresividad (apretando los puños), indiferencia (sentándonos casi tumbados cuando alguien nos habla). Volver la espalda o mirar hacia otro lado es una manifestación de rechazo o desagrado. Un cuerpo contraído expresa decaimiento y falta de confianza en uno mismo y un cuerpo expandido, todo lo contrario. Los gestos que se producen con las manos y la cabeza acompañan y enfatizan lo que se comunica con la palabra o el silencio.

La palabra: Las mismas palabras con entonación diferente trasmiten sentimientos tan distintos como ironía, ira, excitación, sorpresa o desinterés. Un tono apagado es señal de abatimiento o depresión. Una conversación que se mantiene siempre en el mismo tono resulta monótona y aburrida y suscita poco interés. Se hace oír más y comunica mejor, la persona que juega con las modulaciones de voz a lo largo de su plática.

Ganando amigos…

En cuanto a las características emocionales el gran autor Dale Carnegie dio algunas reglas sencillas de cómo se pueden ganar amigos y también como conservarlos…

No critique, no condene ni se queje: La crítica es inútil porque pone a la otra persona a la defensiva y por lo común hace que trate de justificarse, tratando además de censurar a su oponente. La crítica es peligrosa, porque lastima el orgullo y despierta resentimiento.

Interésese sinceramente por los demás: se pueden ganar más amigos si se interesa uno en los demás, que si se hace que los demás se interesen por uno. El interés, lo mismo que todo lo demás en las relaciones humanas, debe ser sincero. Debe de tener muy en cuenta que la diferencia entre la apreciación y la adulación es muy sencilla. Una es sincera y la otra no.

Sonría. Las acciones dicen más que las palabras y una sonrisa verdadera expresa: “Me gusta usted. Me causa felicidad. Me alegro tanto de verlo”. Tiene usted que disfrutar cuando se encuentra con la gente, si espera que los demás lo pasen bien cuando se encuentran con usted. Una sonrisa no cuesta nada, pero crea mucho y es la contraseña de los amigos.

Recuerde que para toda persona, su nombre es el sonido más dulce e importante en cualquier idioma: el común de los hombres se interesa más por su propio nombre que por todos los demás de la tierra. Haga el esfuerzo por aprender los nombres de los demás (preste atención). El nombre pone aparte al individuo, lo hace sentir único entre todos los demás. La información que damos o la pregunta que hacemos, toma una importancia especial cuando le agregamos el nombre de nuestro interlocutor.

Sea un buen oyente. Anime a los demás a que hablen de sí mismos. Recuerde que la persona con quien habla usted está cien veces más interesada en sí misma y en sus necesidades y sus problemas, que en usted y sus problemas.

Hable siempre de lo que interese a los demás. Hablar en términos de los intereses de la otra persona es beneficioso para las dos partes.

Haga que la otra persona se sienta importante y hágalo sinceramente. Trate siempre de que la otra persona se sienta importante. Todos quieren la aprobación de aquellos con quienes se entra en contacto. Queremos que se reconozcan nuestros méritos. Queremos tener la sensación de nuestra importancia en su pequeño mundo. No queremos escuchar adulaciones baratas, sin sinceridad, pero anhelamos una sincera apreciación. Para que la vida de una persona cambie totalmente  puede bastar que alguien la haga sentir importante. Hábleles a las personas de ellos mismos y lo escucharán por horas.

Todos estos elementos de conducta relacional son herramientas de nuestra forma de estar en sociedad y, bien articulados, nos ayudan a relacionarnos de forma más eficiente. Si tiene dificultades para relacionarse con los demás ponga en práctica estos consejos y vuélvase popular en su círculo de influencia…

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