Home Uncategorized El Brinco del Diablo
0

El Brinco del Diablo

0
0

El Brinco del Diablo es uno de los lugares turísticos con más sabor a leyenda y tradición de Abasolo, Guanajuato, donde está situada la llamada sierra de Huanimaro, donde se eleva un promontorio rocoso conocido originalmente como el cerro de los tres picachos y a donde los vecinos acostumbraban a realizar paseos a inicios del siglo pasado.

La leyenda comenzó en 1933,  el 13 de Septiembre por la mañana, cuando los lugareños comenzaron a llevar maderos y ramas con las que harían sus enramadas para el tradicional paseo. Al ir subiendo la cuesta, varios de ellos observaron extrañados como sobre el cerro empezaban a arremolinarse unas gruesas nubes, que desataron una gran tormenta con lluvia y viento huracanado que los detuvo a todos, mientras los enormes relámpagos iluminaban toda el área circundante.

Fue justamente por los relámpagos, que todos pudieron ver que algo insólito estaba sucediendo: un hombre vestido de frac estaba saltando tranquilamente de un picacho a otro y, a cada salto, arreciaba la tormenta.

Dicho fenómeno, nunca antes visto en la población, dio tanto miedo a los vecinos que dieron vuelta y corrieron en dirección al pueblo, llegando hasta el centro de la población en donde se erguía la iglesia, para contarle el párroco lo que sucedía.

Al salir el Cura le platicaron lo que estaba sucediendo: la tormenta, el viento huracanado, los relámpagos y sobre todo, el hombre de frac, que tranquilamente saltaba de un picacho a otro. Sin embargo el Cura, dudando de lo que le contaban, los mandó a sus casas ofreciéndoles investigar todo el día siguiente.

La gente volvió a sus casas pero, como la tormenta no cedía y cada vez arreciaban más los relámpagos y truenos, la curiosidad obligaba a sus moradores a ver hacia los picachos, en donde a cada relámpago, se veía una y otra vez, al hombre de frac, saltar de picacho en picacho, lo que lleno de terror a los vecinos.

Así que, apenas amaneció, la gente se acercó nuevamente a la parroquia y le explicó al párroco lo que estaba pasando y le pidieron ayuda. Fue cuando alguien del pueblo sugirió hacer dos cruces y que se pusiese una en cada picacho, propuesta que es aceptada por todos, por lo que de inmediato se busco la madera y en el atrio de la iglesia se hicieron las 2 cruces, el párroco las bendijo y salió junto con toda la población en peregrinación rumbo al cerro de los tres picachos.

La distancia entre el pueblo y los picachos era corta sin embargo, por la fuerza del viento en contra y la tormenta que no cedía, el avance se fue haciendo muy lento hasta que al fin llegaron al primer picacho en donde el Cura, después de bendecir el lugar, ordenó hacer un agujero para clavar la primera cruz. Conforme iban avanzando en la perforación del agujero, parecía más irritada la naturaleza, ya que nubes, agua y rayos, formaban un concierto dantesco que tenía aterrorizados a todos y solo la gran fuerza de voluntad del párroco los obligaba a continuar.

Una vez terminado el primer agujero, fue colocada la primera cruz, rociándola con agua bendita y diciendo unas oraciones, para luego continuar al otro picacho en donde realizaron la misma operación, escuchándose al ponerse la segunda cruz, un grito infrahumano que parecía salir de la barranca, acompañado de un temblor repentino, que originó que varias rocas gigantes se desprendieran de los picachos y rodaran ladera abajo para detenerse a la orilla del pueblo. Estos fenómenos hicieron que a todos se les pusiera los pelos de punta y un continuo santiguar saliera de las bocas que se transformó en admiración, al contemplar cómo la lluvia y el viento desaparecían y las nubes dejaban paso a un brillante sol, pidiendo el párroco a los presentes, le acompañasen a dar gracias a Dios por los favores recibidos y, acomodándose sobre una roca, celebró por primera vez la Santa misa en ese lugar.

Habiendo pasado todo los vecinos observaron la gran distancia existente entre los picachos y la profundidad que había en medio de los dos, por lo que murmurando con temor comenzaron a decir que eso que saltaba entre un picacho y otro era el diablo ya que ningún hombre podría hacerlo. Esta idea permaneció en todos y a partir de ese entonces dichos picachos fueron rebautizados con el nombre de “El Brinco del Diablo”.

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *