El cambio que se necesita…

¿Será posible que algún día el ser humano entienda el verdadero valor de la vida y comprenda la importancia de conformar una sociedad afincada en valores espirituales consistentes, en donde se priorice la unidad, la abnegación, el altruismo y la solidaridad?  Créanme que ese es el único camino posible para que el ser humano deje de padecer todos los problemas que ha ido autogenerándose debido a su desaprensiva forma de ser, en la cual SIEMPRE prioriza sus necesidades individuales y deja de ver las insuficiencias de las demás…

La prédica sobre una sociedad basada en la unión de esfuerzos, la solidaridad y la ayuda al indefenso es constante y mundial pero, sin embrago, el hombre se encarga rápidamente de borrar con el codo lo que escribe con la mano debido a que siempre, en el postrer momento, prioriza la necesidad propia sobre la del semejante y todo vuelve a estar como al principio, por aquello que del dicho al hecho… hay un largo trecho. Esto me hace recordar el cuento de la libre y el tigre…

Cuenta la historia que un joven caminaba por un bosque decepcionado por la forma tan inhumana en que se comportaba la gente pues, al parecer, ya a nadie le importaba nadie. De repente, en un claro del bosque, observó sorprendido que una pequeña liebre le llevaba comida a un enorme tigre malherido, el cual no podía valerse por sí mismo. Le impresionó tanto ver este hecho, que regresó al siguiente día para saber si el comportamiento de la liebre había sido casual o era algo habitual. Con enorme sorpresa pudo comprobar que la escena se repetía: la liebre dejaba comida cerca del tigre y luego se retiraba.

Pasaron los días y la escena se repitió de un modo idéntico, hasta que el tigre recuperó las fuerzas y pudo buscar comida por su propia cuenta. Admirado por la solidaridad y cooperación entre los animales, se dijo: “No todo está perdido. Si los animales son capaces de ayudarse de este modo, mucho más lo haremos las personas”.

Fue allí, entonces, cuando se decidió a comprobar si los seres humanos reaccionaban igual a la liebre… Se tiró al suelo, simulando que estaba herido y se puso a esperar que pasara alguien y le ayudara. Pasaron las horas, llegó la noche y, a pesar de que muchos pasaron a su lado,  nadie se acercó para prestarle ayuda. Estuvo así durante todo otro día y, al ver que nadie le prestaba atención otra vez, decidió levantarse mucho más decepcionado que antes, con la convicción de que la humanidad no tenía el menor remedio. Sentía dentro de sí la desesperación del hambriento, la soledad del enfermo y la tristeza del abandonado, por lo que su corazón estaba devastado… Casi no sentía deseo de levantarse y proseguir con su vida, porque ya nada le importaba, no había esperanza de un mundo mejor… Fue entonces allí, en ese instante, que oyó con claridad una voz que le dijo: “Si quieres encontrar a tus semejantes, si quieres sentir que todo ha valido la pena, si quieres seguir creyendo en la humanidad y verlos como hermanos, deja de hacer de tigre y simplemente se la liebre”…

Es verdad que la voluntad de una sola persona no va a cambiar la sociedad de hoy, pero si todos nos damos cuenta de que podemos mejorar el mundo tan solo con empezar primero a extender la mano para ayudar, antes de extenderla para pedir, habremos dado un paso de gigante para revertir un sistema social egoísta que está destrozando a la humanidad… Quizás mirar un poco más allá de nuestra nariz sea el punto de inflexión para el cambio que nuestra sociedad tanto necesita.

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