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El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones

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Tab Machado
Tab Machado

Dicen que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones y creo que esa frase o dicho popular se ajusta a lo que sucede en la actualidad con muchos padres de familia, que quieren darle a sus hijos absolutamente todo lo que desean porque ellos, cuando niños, sufrieron privaciones y quieren que sus hijos no sufran por nada. La intención, en un principio, es loable y muy buena si habláramos del tema espiritual y relacionamiento familiar acorde, pero los padres centran el tema de las privaciones

generalmente en lo material, por lo que atiborran de  juguetes, objetos y aparatos a sus hijos en el afán de que no les falte nada de lo que quieren, adormeciendo en ellos el más poderoso de los estímulos que llevan al éxito: el necesidad de soñar y el valorar en su justa medida algo que ha costado conseguir… Esto comienza en la niñez y luego se extiende a la adolescencia y/o a la juventud cuando los padres, procediendo con idéntica lógica que la anterior, acceden al pedido de sus hijos de no proseguir con sus estudios porque los ven estresados y mal…

Como dijimos al principio la intención es buena, sin embargo el resultado final es la formación de personas sin el espíritu de lucha y esfuerzo que hay que tener para salir adelante en la vida. Es como la conocida historia del Desafío del Trigo. Un día un viejo campesino fue a ver a Dios y le dijo: “Mira, tú puedes ser Dios y puedes haber creado el mundo, pero hay una cosa que tengo que decirte: No eres un campesino, no conoces ni siquiera el principio de la agricultura. Tienes algo que aprender”. Dios le respondió: “¿Cuál es tu consejo?”

El granjero volvió a decir: “Dame un año y déjame que las cosas se hagan como yo quiero y veamos qué pasa. La pobreza no existirá más”.

Dios aceptó y le concedió al campesino un año. Naturalmente éste pidió lo mejor y sólo lo mejor… ni tormentas, ni ventarrones, ni peligros para el grano. Todo confortable y cómodo.

Así el campesino era muy feliz, ya que el trigo crecía altísimo. Cuando quería sol… había sol; cuando quería lluvia… había tanta lluvia como hiciera falta. Ese año todo fue perfecto, ¡matemáticamente perfecto! El trigo siguió creciendo tan alto que el granjero fue a ver a Dios y le dijo: “¡Mira!, esta vez tendremos tanto grano que si la gente no trabaja en 10 años, aun así tendremos comida suficiente”.

Pero cuando llegó el tiempo de la cosecha hubo un grave problema, los granos que se recogieron estaban todos vacíos. El granjero se sorprendió y le preguntó a Dios: “¿Qué pasó?, ¿qué error hubo?”

Ante tal inquietud Dios le respondió: “Como no hubo desafío, no hubo conflicto, ni fricción. Como tú evitaste todo lo que era malo, el trigo se volvió impotente, vacio, vano. Un poco de lucha es imprescindible: las tormentas, los truenos, los relámpagos, son necesarios, porque sacuden el alma dentro del trigo. La noche es tan necesaria como el día y los días de tristeza son tan esenciales como los días de felicidad. A esto se le llama lucha y esfuerzo y trae como resultado un grano vigoroso”…

Los padres de hoy deben de entender, al igual que el granjero de la historia, que el dar todo lo que desean sus hijos generalmente deja el alma vacía porque no hay nada por lo que luchar, por lo que soñar, no existe nada que desear, ni nada que ambicionar porque simplemente ya se les ha dado todo… Entonces el joven no madura jamás y ante la mínima dificultad en la vida adulta se derrumba y abandona la lucha, alejándose del éxito.  Como ven volvemos al principio de todo, al título de esa columna que, a esta altura, ya no necesita mayor explicación….

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