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El curro de la media noche

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El curro de la media noche
El curro de la media noche

Las leyendas urbanas son fábulas populares que corren de boca en boca como si fueran ciertas…

Cuenta una leyenda urbana de Santiago Papasquiaro que por las calles de Hidalgo y Madero, donde las personas, especialmente las jovencitas, acostumbran a pasear luciendo sus vestidos de última moda, los caballeros la recorren buscando con piropos conseguir alguna relación amistosa o de enamoramiento. Además no falta alguno que otro viejo coscolino, que aprovechando los anocheceres lanzan también piropos a las estructurales damitas, que en esta ciudad son toda una tradición de encanto por su belleza y perfecta figura.

Toda persona que visita Santiago Papasquiaro, se pregunta a que se debe que en esta localidad, de las once de la noche a las cinco de la mañana, existe una apacible clama por estas calles. Alguna explicación a tal situación puede ser la arraigada bondad de los santiagueros que durante el día se entregan al trabajo y la noche la aprovecha como es natural para el descanso que reponga las energías gastadas durante las labores diarias. Aunque también puede atribuirse a que algunas personas ocasionalmente hayan sido víctimas del pánico al ser abordadas por el famoso y juguetón curro de la media noche.

Resulta que cuando alguna persona camina por la calle de Madero después de las once de la noche, se encuentra o puede ser seguida por un fantasma elegantemente vestido, que no permite que le vean la cara. En cuanto algún valiente trata de conocerlo, rápidamente el curro voltea en sentido contrario y jamás han logrado identificarlo como algún viviente juguetón que trate de asustar a quienes lo ven, pero se convencen de que es fenómeno sobrenatural, porque entre miedo y valor algunos que lo han visto se santiguan y le preguntan ¿eres de este mundo o del otro? Inmediatamente este excepcional personaje desaparece dejando un olor a incienso quemado, situación que hace a los humanos erizársele el pelo y la piel quedando inmóviles sin poder pronunciar palabra.

Cuando alguna persona que deambula por la noche lo ve venir y no sabe de este aparecido, sigue su camino sin pena ni gloria, únicamente pensando quién será aquel que viene tan elegantemente vestido pero, al intentar verle la cara, se queda atónito cuando se da cuenta de que no presenta rostro definido.

El encuentro se vuelve más temeroso cuando el apuesto caballero al pasar frente a frente hace una ceremoniosa reverencia a los vivientes, echa sus manos hacia atrás apoyándolas en la cadera, también hace lo mismo con el pie derecho y toca el suelo con la punta de su brillante zapato, se inclina con la cortesía de todo un caballero y a continuación se retira rápidamente agilizando el paso, como si tratara de evitar que lo sigan observando los despavoridos cristianos.

Los abuelos dicen que hace unos 100 años que en esta ciudad, las clases sociales estaban bien marcadas que los ricos vestían tanto o más elegantes que el curro de la media noche y que este “aparecido” no es otra cosa que el ánima de la “alta sociedad” que viene de vez en cuando a demostrar cómo era Santiago Papasquiaro en aquel añoso tiempo

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