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El dinero ¿compra la felicidad o simplemente calma los nervios?

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El dinero compra la felicidad o simplemente calma los nervios
El dinero compra la felicidad o simplemente calma los nervios

Según informes realizados por expertos el dinero puede comprar parte de la felicidad pero su disfrute es momentáneo ya que la verdadera sensación de satisfacción es el crecimiento continuo de nuestras vidas.

El dinero no da la felicidad pero, según estudios realizados, la puede comprar. La única duda que surge de lo que hablan los entendidos es cuánta cantidad felicidad en realidad puede comprar. Y, según surge de los informes, no es tanta como uno espera porque no se sabe administrar el dinero. Las personas se acostumbran demasiado rápido a sus nuevas formas de vida y se

comparan con personas más afortunadas, según un estudio elaborado por la escuela de negocios IESE y la UCLA Anderson School of Management de la Universidad de California.

La investigación cifra en 15.000 dólares los ingresos mínimos para ser feliz. A partir de ahí, poder adquisitivo y felicidad no crecen al mismo ritmo y el largo inventario de pobres niños ricos que ha dado la historia es buena prueba de ello.

Una mujer que conduce un viejo utilitario en su época de estudiante puede hallar una dicha temporal cuando empieza a trabajar y logra comprarse un bonito deportivo, pero pronto se acostumbrará a conducirlo, lo integrará como una parte habitual de su vida y dejará de alegrarla. Es lo mismo que le ocurre a los ganadores de lotería: un estudio de Brickman, Coates y Janojj-Bullman señala que aquellos a los que les toca un gran premio económico sólo experimentan un incremento de felicidad el primer año, mientras que los consecutivos se mantienen igual porque ya se han acostumbrado a la nueva forma de vida y no les resulta extraordinario.

“Lo que da la felicidad es el cambio, el paso de un escalón al otro, por ello mantenerse siempre en uno, aunque sea muy elevado, deja de hacernos felices”, explica Manuel Baucells, Profesor de la escuela de negocios IESE. Para solucionarlo, Baucells tiene una receta: “Si te toca un millón de dólares, debes hacer tus cálculos para que la mejora de tu situación sea paulatina y gastar sólo un 1% de lo ganado el primer año, un 2,5% al siguiente y así progresivamente hasta alcanzar incrementos del 20% y el 30%”.

La sociedad sobrevalora los beneficios que el dinero le reportará. “Los nuevos ricos pasan de repente de un grupo social de menos ingresos a otro mayor y su bienestar crecerá, al menos de forma temporal”, señala el estudio. Pero llega el día en que esos nuevos ricos pierden a sus antiguos vecinos del barrio como referencia y comienzan a fijarse en el nuevo grupo social al que pertenecen. Es entonces cuando el éxtasis desaparece.

A los deportistas de élite les ocurre igual. Una encuesta reveló en 1995 que los medallistas olímpicos de bronce estaban más contentos que los que habían ganado la de plata, ya que se comparaban con aquellos que no habían subido al podio, mientras los clasificados en segundo lugar tenían pesadillas porque creían que se les había escapado el oro.

Dos investigadores dieron a elegir en 1998 a los alumnos de la Escuela Pública de Salud de Harvard entre dos escenarios: en uno, ellos ganarían 50.000 dólares cuando el resto del mundo lograría 25.000, es decir, la mitad, mientras que en el segundo escenario ellos ganarían 100.000 dólares cuando el resto ganaría 250.000, más del doble. Todos prefirieron el primer escenario.

“Por eso la felicidad social no ha avanzado pese a que mejore la calidad de vida en un país, porque nos peleamos siempre por tener lo que tiene el vecino”, según Baucells.

El dinero compra la felicidad o simplemente calma los nervios
El dinero compra la felicidad o simplemente calma los nervios

En aquellas naciones en las que la economía ha crecido de forma extraordinaria, sus ciudadanos no han experimentando ese mismo salto cualitativo. El estudio pone como ejemplo Japón, donde los ingresos per cápita se quintuplicaron entre 1958 y 1991, de 3.000 a 15.000 dólares anuales, pero los niveles de felicidad se mantuvieron entre el 2,5 y el 3 (sobre cuatro) a lo largo de esas tres décadas.

El informe habla de dos tipos de bienes: los básicos, como comer, descansar o disfrutar con los amigos, que son básicos y su placer dura siempre y los de consumo, a los que uno se acostumbra mucho más rápido de lo esperado y, por tanto, el éxtasis dura poco. “Son adaptativos”, aclara. El dinero puede comprar la mayoría, pero la dicha de los bienes materiales dura menos.

Por ello es más feliz aquel que centra el bienestar en esos bienes básicos y no los de consumo. Además, el estudio recalca que influyen otras variables como la salud y el hecho de vivir o no en un régimen democrático, con libertad y derechos individuales garantizados. Así que, según el estudio, el viejo latiguillo de que lo importante de la vida es la salud, el dinero y el amor sólo admite discusión respecto al orden de los elementos.

Encuesta de Gallup

Otra encuesta mundial, realizada en este caso por Gallup dice que tener más dinero podría mejorar la satisfacción de la gente con su vida pero no les ayudará necesariamente a disfrutarla, según el estudio.

Los investigadores analizaron los datos reunidos en la primera Encuesta Mundial de Gallup, que incluyó a más de 136,000 personas de 132 países que fueron encuestados entre 2005 y 2006. A los encuestados, que calificaron sus vidas en una escala de cero (la peor) a 10 (la mejor), se les preguntó acerca de las emociones positivas o negativas que experimentaron el día anterior, si se sentían respetados, si tenían familiares y amigos con los que podían contar ante una emergencia y cuán libres se sentían para elegir sus actividades diarias, aprender cosas nuevas o de hacer lo que mejor sabían hacer.

Al igual que otros estudios, el análisis reveló que la satisfacción con la vida, la creencia de que la vida va bien, aumenta a medida que crece el ingreso, a nivel individual y de país en general. Pero los investigadores también encontraron que aunque los sentimientos positivos en general aumentaron un poco junto con el aumento del ingreso, estos sentimientos se relacionaban más con otros factores, tales como sentirse respetado, tener autonomía y contar con el apoyo social de amigos y familiares y tener un trabajo satisfactorio.

“La gente siempre se pregunta: ¿El dinero compra la felicidad? Este estudio demuestra que todo depende de cómo se defina la felicidad, porque si nos fijamos en la satisfacción con la vida, cómo se evalúa la vida como un todo, se ve una correlación muy fuerte en todo el mundo entre los ingresos y la felicidad”, dijo Ed Diener, científico de la Organización Gallup y profesor emérito de psicología en la Universidad de Illinois, en un comunicado de prensa de la universidad. “Por otra parte, es bastante sorprendente que la correlación entre los sentimientos positivos y disfrutar de la vida sea tan pequeña”.

De acuerdo con Diener, éste es el primer estudio que establece una diferencia entre la satisfacción con la vida y los sentimientos positivos o negativos que las personas experimentan en el día a día.

“Todo el mundo se ha fijado solamente en la satisfacción con la vida y los ingresos”, señaló. “Y si bien es cierto que hacerse más rico le aportará mayor satisfacción con su vida, quizá no tenga un impacto tan grande como creíamos sobre el hecho de disfrutar de la vida”.

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