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El Doctor milagroso

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¿Quién no ha escuchado alguna vez historias extrañas que dicen haber ocurrido en nuestros propios pueblos? Las leyendas urbanas son fábulas populares que corren de boca en boca como si fueran ciertas…

A principios de los años 70, una mujer a punto de dar a luz llegó al Hospital de Cuernavaca Morelos. Iba acompañada por su hijo pequeño y su esposo, quien se mostraba preocupado por los gritos de dolor de su mujer.

La joven tenía contracciones cada vez más frecuentes pero, como el personal del hospital estaba muy ocupado, la pareja debió esperar un rato mientras se hacían los preparativos. El nerviosismo del marido iba en aumento, pero finalmente un doctor preguntó por la paciente y un equipo de enfermeras se encargó de conducir a la parturienta a la sala correspondiente.

Una vez dentro el tiempo se hizo eterno para el futuro padre. El reloj de la sala martillaba con persistencia segundo tras segundo, resonando como un gong en el silencio del hospital. El niño jugaba pero el padre, nervioso, esperaba el momento de ir a conocer a su nuevo hijo.

Minutos después, en lugar de una enfermera sonriente se presentó un doctor con aspecto apesadumbrado. Casi sin entender qué sucedía, el hombre escuchó en seguidilla las explicaciones detalladas del médico, como golpes secos y repetidos: se hizo todo lo posible, no resistió, un parto difícil, no hay nada que hacer, el cuerpo será trasladado…

El esposo estalló  en un ataque de histeria, sintiendo que las cuatro paredes del hospital se desplomaban hacia adentro, reprimiendo el impulso de correr a la sala y llamar a su mujer a los gritos. Al rato se sumió en un rincón, temblando.

En medio de su angustia, un señor canoso, mayor, con la túnica clásica de médico, cruza la sala. Se presenta al joven diciendo que es el Doctor de guardia y aclara que está dispuesto a ayudarlo, a lo que el esposo responde con furia y le reprocha con amargura haber llegado demasiado tarde. El anciano, sin embargo, habla con calma y suavidad. Está allí para ayudar, repite y le pide que aguarde unos minutos.

Segundos después, se siente un llanto de bebé y los gemidos confusos de una mujer. Por la puerta del consultorio donde aun estaba la mujer asoma una camilla sobre la cual descansa la joven esposa, lejos de estar muerta y su hijo en brazos. Se funden en un abrazo incrédulo y hablan al mismo tiempo: ella no comprende lo sucedido y tiene una sensación extraña, él se deshace en lágrimas y busca con la mirada a los médicos.

El personal del hospital, ante tanto clamor, llega al lugar de los hechos. Cuando el doctor ve a la mujer, se pone pálido y balbucea, incapaz de creer en la presencia milagrosa de la madre y su hijo recién nacido, desbordante de vida. El esposo está furioso y se niega a contestar a los médicos, aclarando que hablará únicamente con el doctor que recién lo atendió.

Ante la descripción del doctor, tanto las enfermeras como el obstetra pierden nuevamente el color en el rostro. El médico lo mira fijamente y le señala un cuadro que cuelga en la pared. El hombre reconoce la figura al instante: el mismo rostro afable, la misma mirada, el porte inconfundible del doctor.

Debe estar equivocado, aclara el profesional, el doctor que usted me dice fue Director del Hospital y falleció en 1932.

El prodigio del rescate no demoró en correr por los pasillos del hospital y desde entonces la leyenda cobró forma en los pequeños milagros diarios que ocurren en el sanatorio. La presencia mítica del Doctor erigió la leyenda del médico que desafió a la muerte por partida doble, logrando milagros desde ambos lados de la línea que separa a los muertos de los vivos.

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