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El dormitorio donde el tiempo se detuvo hace casi un siglo
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El dormitorio donde el tiempo se detuvo hace casi un siglo

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El dormitorio de Hubert Rochereau está como él lo dejó antes de morir en 1918 y debería seguir así ¡otros 400 años! Hubert Rochereau tenía 21 años cuando cayó en los campos de batalla de Flandes como oficial del 15 Regimiento de Dragones, en una de las últimas batallas de la Primera Guerra Mundial.

El nombre de Hubert Rochereau no sería hoy más que uno en la gigantesca lista de bajas de la Gran Guerra (1914 -1918), de no ser por una curiosa acción, fruto del dolor de su familia, que ha hecho que se lo recuerde hasta hoy: mantener inalterado el paso del tiempo dentro de su dormitorio…

Hubert nació el 10 de Octubre de 1896 en el pequeño pueblo de Bélâbre, un caserío situado en una agreste región del centro de Francia, enclavada en lo que es el vasto parque natural de Brenne. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, marchó al frente como alférez de caballería y encontró la muerte en los campos de Flandes meses antes de que el conflicto terminara.

Rochereau murió el 26 de Abril de 1918, cuando era trasladado en una ambulancia de la Fuerza Expedicionaria Británica (BEF), luego de ser gravemente herido el día anterior durante los combates por el control de la aldea de Loker, en territorio belga.

La familia del joven oficial no supo del paradero de los restos de su hijo hasta 1922, cuando fueron localizados en un cementerio militar británico, no lejos del lugar donde había muerto.

En homenaje a su hijo fallecido en combate, los padres de Rochereau conservaron su dormitorio intacto durante años. En 1935 decidieron mudarse y vender su propiedad, pero en el contrato de venta incluyeron una curiosa, increíble y amorosa cláusula: el cuarto de Hubert debía permanecer sin cambio alguno por los siguientes quinientos años.

“Esa cláusula no tenía el menor fundamento jurídico”, explicó el propietario de la finca, Daniel Fabre, en una entrevista realizada en 2014. Fabre recibió la casa como herencia de sus abuelos y, al igual que ellos, decidió respetar el deseo de los Rochereau, pese a no tener obligación legal de hacerlo.

El dormitorio de Hubert no ha sido alterado en casi cien años: su cama está tendida y algunos de sus efectos personales posan sobre ella: una de sus chaquetas militares, castigada por las polillas, cuelga del perchero. Su silla, libros y otros objetos conservan su lugar.

La habitación guarda también un retrato de gran tamaño, espuelas, pistolas y pipas que fueron propiedad del joven oficial y, de acuerdo a la crónica, el olor rancio de su tabaco inglés todavía embalsama el aposento.

Sobre la mesilla, un frasco guarda un puñado de suelo de la tumba belga donde sus retos reposaron durante cuatro años, antes de ser repatriados.

La finca fue modernizada con el paso del tiempo, pero siempre se procuró que las innovaciones no afectaran el dormitorio del oficial. En la actualidad, es la única sala de la casa que carece de instalación eléctrica.

Rochereau recibió de manera póstuma la Cruz de Guerra “por su enorme valentía en el campo de batalla”. La región de Flandes fue escenario de algunos de los enfrentamientos más duros de la Primera Guerra Mundial, en los que se estima que perdieron la vida unos 580.000 hombres de ambos bandos.

Laurent Lorche, el Alcalde de Bélâbre en 2014, cuando el cuarto fue “descubierto”, esperaba que la fama que el “mausoleo doméstico” trajo a la aldea, ayudase a su conservación.

“Cuando entras ahí es como si el tiempo se hubiera detenido”, dijo en una entrevista. “En una escala mucho menor, me imagino que es así cómo se sintieron los exploradores cuando abrieron la primera pirámide o tumba antigua. Sería una gran vergüenza para nosotros que desapareciera. Como alguien que ama la historia, siento que es también importante no olvidar el sacrificio hecho por hombres como Rochereau”.

El dormitorio de Hubert Rochereau se ha convertido en una verdadera capsula del tiempo…

 

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