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El éxito no se adquiere por contagio

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Tab Machado
Tab Machado

En este mundo loco y sin sentido en el que avanzamos a tontas y a locas, donde preferimos vivir a contrapelo de lo lógico y donde importa más la apariencia que la realidad, cualquier táctica es buena para que los demás mortales nos crean y nos vean exitosos. Poco importa si lo somos o no, ya que hay muchos modos y muchas formas para que los demás crean que el mundo está a nuestros pies y el éxito nos sonríe sin cesar…

Una de las formas más usadas para tal fin hoy en día es, sin dudas, fotografiarse al lado de algún personaje reconocido para que su relumbrón ilumine, aunque sea tan solo por un momento, nuestras opacas y grises vidas (si no fuera así, no habría necesidad de poner a alguien a nuestro lado que irradie un poco de luz para demostrar el valor que tenemos)…

Si eso ya de por sí es un motivo para ostentar el ‘éxito’, imagínense a esas personas si logran compartir por un fugaz instante un mismo sitio con un personaje destacado o si comparten algunas palabras con ellos (seguramente ya pasarán a ser sus nuevos mejores amigos). Y, en el colmo del paroxismo, no quieran saber cómo se ponen si realmente tienen la fortuna de llegar a entablar una amistad con ese personaje… eso es la gloria perfecta para muchos.

Lo que no saben, lo que no entienden, lo que no alcanzan a divisar en su estrecha mente es que en realidad el éxito no es suyo, no les pertenece ni siquiera un poquito y que esa luz, que pega por refracción en su rostro, se esfuma por completo apenas se alejan dos pasos del personaje que sirve de luminaria, entrando nuevamente en la oscuridad más penosa…

Siempre recordaré un suceso que presencié (hace mucho tiempo ya), en donde durante una reunión de amigos y familia una persona se vanagloriaba de haber ido a cenar a un lujoso restaurante con un jugador de fútbol al que consideraba su amigo y, en ese entonces, era una verdadera estrella mundial de gran renombre. La persona se ufanaba y presumía, con los ojos brillantes por la emoción, que todas las personas del restaurante se acercaban a su mesa a saludar, a pedir autógrafos y a fotografiarse con el ídolo futbolístico. Incluso llegó a decir “¡fue alucinante! ¡Todos los que se acercaban me decían que me envidiaban estar sentado allí y poder ser su amigo!”… Fue en ese entonces que alguien que escuchaba en silencio la cantinela exaltada dijo en tono bajo y reflexivo: “Y después que saliste del restaurante y volviste a tu casa ¿Qué? ¿Alguien te reconoció? ¿Dónde quedó la fama y el éxito? ¿Quien se los llevó realmente para su casa?”

El silencio que se hizo fue casi que sepulcral y entonces ese alguien remató su intervención diciendo: “el éxito no se pega por osmosis, no se pega por estar adherido a otro que si lo tiene, no se da por contagio”…

Ha pasado mucho tiempo y jamás se me borró esa reflexión de mi mente y mi espíritu, muy por el contrario, pasó a ser de gran valor para mí y para lo que he elegido ser como persona. Prefiero mil veces ser un pequeño candil con luz propia, que el reflejo fulgurante de un faro que lo único que hace es agrandar indefinidamente la sombra que proyecto. Por eso solo puedo decir una cosa: vive la vida de tal forma que seas tú la lámpara que proyecta luz, sin importar cuán brillante la vean los demás, sino que ese resplandor ilumine el fondo de tu alma y espíritu… solo así serás verdadera y positivamente exitoso y productivo para ti mismo. Y recuerda que eso no depende de nadie, sino únicamente de ti mismo…

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