Home Uncategorized El fantasma de la peluquería…
0

El fantasma de la peluquería…

0
0
Leyendas Urbanas
Leyendas Urbanas

¿Quién no ha escuchado alguna vez historias extrañas que dicen haber ocurrido en nuestros propios pueblos? Las leyendas urbanas son fábulas populares que corren de boca en boca como si fueran ciertas…

Si usted cree en los espíritus y en las almas en pena se va a estremecer con la serie de historias de personas que

aseguran haber visto una aparición. Estas historias, por su trascendencia, se han convertido en verdaderas leyendas urbanas. Esta semana le contamos la experiencia de  Sheena Carmichael.

Sheena tiene un salón de belleza en el que suceden cosas extrañas. “No es nada. Hace varios años que trabajo aquí y nunca vi nada raro”, dice con firmeza Joanne Robson, de 35 años, una de las estilistas de su peluquería. Joanne se refería a que los ruidos de pisadas, los cepillos que desaparecían y los susurros de sus nombres que las aprendices oían cuando estaban solas, nada tenían que ver con fantasmas. Sin embargo, las demás empleadas de Sheena y ella mismo, estaban seguras de lo que habían experimentado desde que abrió el salón ‘Jazz’ en la calle Frederick de South Shields, Inglaterra, en 1997.

En una oportunidad, un bote de fijador en aerosol se movió frente a sus ojos en el tocador mientras le cortaba el cabello a una mujer. Otras clientas a veces salían de los cubículos de terapia estética y decían: “No sabía que también atendían hombres aquí”. Y Sheena les respondía que no tenían clientes varones. Entonces, ¿de quién era la voz masculina que todas ellas aseguraban haber oído hablar en susurros?
“Muy bien. Si aquí no hay nada entonces, quiero que te quedes aquí un rato sola esta noche y veas qué pasa”, desafió Sheena a Joanne. Más tarde, Joanne estaba acostada bajo la cubierta de una de las camas solares cuando de pronto los postigos de las ventanas del salón se cerraron con fuerza. Luego oyó un golpe fuerte sobre la cubierta y se sobresaltó. “¡Explotó!”, pensó asustada. Pero la cama estaba bien, excepto por una abolladura en la cubierta. En el suelo había un frasco de crema de belleza. “Alguien debe de haberlo tirado”, se dijo y preguntó asustada: “¿Quién está ahí?”, mientras corría a la sala principal, pero esta estaba vacía…

Una semana después, otra vez se quedó sola en el salón por la noche. El secador de ropa, que sólo funcionaba con la tapa bajada, se encendió de repente. Joanne no aguantó más y corrió a la calle desde donde llamó por teléfono a su padre para que fuera a cerrar el local. Pronto se corrió la voz entre las clientas del Salón sobre lo que Joanne había visto y oído.

“No sé si usted lo sabe, pero alguien murió aquí”, le contó una de ellas a Sheena. “Hasta los años 50, este edificio fue una pensión y taberna para trabajadores. Un empleado de almacén cayó por las escaleras del sótano y se desnucó”, agregó la mujer.

Las piezas del rompecabezas empezaban a encajar… en varias ocasiones las personas que estaban en el Salón habían oído tintineos de vasos y a una clienta le habían dicho “Afuera” mientras se dirigía al baño, cerca de las escaleras del sótano, que estaban bloqueadas. Otra clienta, que era espiritista y que vivía en los suburbios, comentó que en el salón habitaba un fantasma que estaba muy enojado porque no le gustaba que el negocio fuera administrado por mujeres, ni la presencia de extranjeras. Hasta ese momento, nadie no sabía que Sheena tenía ascendencia extranjera.

Sin embargo, el intolerante espectro nunca se había manifestado… hasta la víspera de la Navidad de 2008. Una empleada y Sheena estaban en la sala principal cuando una figura alta y difusa de pronto apareció a un metro de ellas y luego desapareció dejando tras de sí un fuerte olor a metal.

Meses después, Sheena llamó a un investigador de fenómenos paranormales, Mike Hallowell, quien confirmó que en el salón  había por lo menos una presencia masculina. Para entonces, la mujer ya estaba más emocionada que asustada. Incluso la noche en que Mike la visitó, en voz alta dijo: “No te preocupes, fantasma. Vuelvo mañana”, y cerró el local.

Al día siguiente, cuando  Sheena  abrió el salón, encontró un regalo encima de su agenda de citas: una frutilla. “Quizás, dijo la mujer a modo de susurro, finalmente este fantasma esté aprendiendo a querer a esta dueña con ascendencia extranjera”….

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *