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El hospital de Bertha

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El hospital de Bertha
El hospital de Bertha

Las leyendas urbanas son historias que se cuentan en nuestros pueblos de boca en boca.

Bertha Wihelmi decidió dedicar su vida a los demás luchando contra la tuberculosis después de que su hermano falleciera

afectado por dicha enfermedad. Aquel triste suceso marcaría para siempre a la alemana.

Con la intención auxiliar a aquellos que sufrieran de tuberculosis se instaló en Alfacar y allí construyó un sanatorio, obra en la que empleó todos sus ahorros.

El enclave, rodeado de bosques, fue el lugar perfecto para el tratamiento de los pacientes. Pronto sus instalaciones estuvieron repletas de afectados, que disfrutaron de las atenciones de Bertha y sus enfermeros. Sin embargo sucedió algo extraño y el hospital fue clausurado. Los enfermos se vieron obligados a desalojar el centro, el cual desde entonces permanece en un lamentable estado de abandono…

Cuenta la leyenda popular que Bertha no pudo soportar la ausencia de su hermano y se suicidó en una de las habitaciones del sanatorio. Otras versiones, quizá más realistas, apuntan que su fallecimiento estuvo provocado por un derrame cerebral.

El caso es que, tras la desaparición de Bertha, nadie continuó con su obra y del antiguo hospital queda únicamente unos muros viejos, decrépitos y destrozados, que tan sólo permiten imaginar la estructura de lo que fue un edificio que colmó de esperanzas a enfermos condenados a morir. A partir de entonces, si atendemos a las declaraciones de diferentes testigos, entre las paredes del hospital continúan habitando presencias invisibles.

Durante años dos investigadores, Juanjo y Antonio Guzmán, convirtieron aquel rincón de la Sierra de Alfaguara en su centro de operaciones y ambos sufrieron un fenómeno inexplicable cuando atravesaban en automóvil el pueblo de Alfacar.  Su coche poseía un sistema electrónico LCD en el que aparecía la fecha y la hora y en un determinado momento observaron cómo los números de la pantalla de cristal líquido comenzaban a cambiar, hasta reflejar una fecha y hora diferentes.

Los investigadores no le dieron mayor importancia al suceso, sin embargo tiempo después, los lugareños les narraron el caso de un hombre que se ahorcó en un árbol cercano al viejo sanatorio a mediados de los años 70 del pasado siglo. Sorprendentemente, la fecha y hora de la muerte del individuo coincidían con las que habían aparecido en la pantalla del automóvil semanas antes. Este desconcertante hecho se repetiría con otros visitantes, tal como pudieron averiguar los investigadores.

El hospital de Bertha
El hospital de Bertha

Durante décadas visitantes y excursionistas experimentaron extrañas sensaciones en las inmediaciones del decrépito edificio. De hecho, existe una zona muy cercana al viejo hospital, tranquila y resguardada, que es muy frecuentada por campistas. Éstos, en más de una ocasión han sufrido percances que han provocado su huida. Por ejemplo, muchos han narrado que sus tiendas solían aparecer rotas, cuando nadie más se encontraba en la zona. Otros visitantes afirman haber percibido el curioso fenómeno conocido como sonido cero, consistente en la ausencia total de ruidos, manifestación habitual en lugares marcados por lo paranormal.

Los investigadores han logrado captar un buen número de psicofonías, en algunas de las cuales se escucha el nombre de Bertha Wihelmi. En otras, las grabaciones muestran lejanas y breves conversaciones relacionadas con el pasado del ruinoso edificio. El grupo de investigación inicial disminuyó su número de miembros a medida que los fenómenos se hacían más espectaculares. Así, algunos de los aficionados a lo paranormal pudieron percibir como algo invisible tiraba de sus ropas o mochilas, por lo que muchos decidieron no volver al lugar.

Juanjo y Antonio Guzmán sabían que algunas personas habían contemplado la aparición espectral de una enfermera, acompañada por un gran perro negro, así que pasaron muchas noches tratando de toparse con la presencia fantasmal, hasta que vieron la imagen de una mujer de pelo blanco, con ropas del mismo color y cara muy demacrada. Lo sorprendente es que la figura se desplazaba lentamente, a varios palmos del suelo, volatilizándose posteriormente en el aire.  Días después, los hermanos Guzmán, encontraron una fotografía de Bertha Wihelmi viendo con asombro que era el mismo rostro que habían contemplado en el sanatorio encantado.

Rafael Reyes, profesor de secundaria, también ha grabado psicofonías. En una de ellas se escucha el nombre de Bertha y en otras ha registrado diferentes voces diciendo frases completas, incluso en latín. “No me molestes más”, “vete” y “no entres dentro”, son algunas de ellas. En una ocasión le preguntó al fantasma de Bertha por qué no se mostraba. “¿Tienes miedo?”, inquirió el investigador. “Tú sabes que no tengo miedo”, fue la respuesta que quedó en la grabadora. También ha tomado varias fotografías en las que se aprecian misteriosas figuras y en algunas se ve a una mujer ataviada con uniforme de enfermera, un perro, un niño o una silueta negra.

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