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El ladrón juzga por su misma condición

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Tab Machado
Tab Machado

El dicho popular suele decir que todo ladrón juzga a los demás de acuerdo a su propia condición para graficar que muchas personas juzgan livianamente a los demás de acuerdo a sus propios defectos. Pero yo creo que, en realidad, las personas juzgan a sus pares aun por debajo de sus propios defectos, para sentir que sus miserias son menores y menos oscuras que las ajenas. Y también están aquellos (y son muchos) que en el colmo del paroxismo hasta retocan y ennoblecen (en sus esmirriadas mentes) sus más viles deficiencias, convirtiéndolas en ilusorias ‘bondades’ para poder juzgar así a quienes los rodean, sin que se les caiga la cara de vergüenza.

Un cuento que ejemplifica muy bien esta situación es el de la rata que le gustaba siempre ponerse los vestidos de los demás y presumir lo que no era. En cierta ocasión la rata fue a buscar su traje de baño para ir a refrescarse un poco al río y, como en el revoltijo que era su cuarto no encontró la prenda, salió como loca a ver quien le estaba usando su ropa. A todo el que pasaba le decía algo y así llegó hasta la orilla del río donde se hallaba la elefanta bañándose tranquilamente en un remanso. A la rata le vino un exceso incontrolable de rabia y de inmediato le exigió a la elefanta que saliera del agua.

“No quiero”, dijo la elefanta… “Estoy disfrutando y me niego a ser molestada”, añadió. Sin embrago la rata cegada por la cólera volvió a decirle con tono enfático: “Insisto en que salgas del agua ¡ahora mismo!”.

“¿Por qué?”, preguntó la elefanta. “No te lo diré hasta que hayas salido de ahí”, le respondió la rata. “Entonces no pienso salir”, dijo tranquilamente la elefanta. Pero la rata insistió tanto y gritó tan descontroladamente que, al final, la elefanta se dio por vencida y salió pesadamente del río. Luego se paró frente a la rata y le dijo: “Está bien… ¿para qué querías que saliera del agua?”. “Para comprobar si eras tú la que te habías puesto mi bañador”, dijo la rata mientras rodeaba desconfiada e inquisidoramente a la elefanta…

Así somos los seres humanos, capaces de acusar sin piedad y endilgarle a otros nuestros peores y más oscuros defectos (aunque en realidad no los tengan) sin darnos cuenta que tan solo proyectamos y ampliamos en ellos nuestras ineptitudes e incompetencia.

Dicen que por mucho que haga la vara, nunca podrá llegar a ser metro… por eso es sabio empezar a reconocer nuestros propios errores y corregirlos, antes que proyectarlos y verlos como un oprobio en terceros. Para ser una mejor persona tenemos primero que vernos tal cual somos y así pulir nuestros defectos, dejando sobresalir de forma natural nuestras virtudes… Nada es imposible en la vida mientras uno tenga la voluntad de hacerlo.

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