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El mal… ausencia de bien

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Tab Machado
Tab Machado

Sobre el bien y el mal se han tejido cientos de miles de comentarios a lo largo de la historia ya que son la base y el sustento de la filosofía moral del ser humano, desde el inicio mismo de su existencia. Es más, dicen que el bien y el mal han convivido y existido desde mucho antes que el mundo fuera tal y cual lo conocemos y que es una condición universal en la cual el ser humano está inmerso y de la cual no se podrá despojar jamás…

¿A que le llamamos bien? A la inclinación natural de fomentar lo deseable, motivado por una comprensión del entorno y de las personas con un profundo ejercicio de la empatía. Un conjunto de buenas acciones (bien ejecutadas) propugnan lo bueno. Una vez que adoptamos un objetivo a lograr, lo “bueno” es todo aquello que favorece su logro, mientras que lo “malo” es todo lo que lo impide. Como el hombre busca la felicidad, el “bien” es lo que le permite llegar a esta, mientras que el “mal” es lo que impide su logro.

El bien y el mal han sido incluso un gran tema espiritual y de fe, porque hay quienes propugnan que si Dios es bueno no puede haber creado el mal… y otros dicen que el mal triunfa en el mundo y que basta dar una mirada al entorno para ver que poco “paga” el bien y que “tanto” el mal…

Al respecto de esto hay una excelente historia verdadera que me gustaría compartir. Ocurrió en Alemania al inicio del siglo 20. Durante una conferencia con varios universitarios, un profesor de la Universidad de Berlín, propuso un desafío a sus alumnos con la pregunta: “¿Creó Dios todo lo que existe?”

Un alumno respondió: “Sí, Él creó todo lo que existe”… Preguntó nuevamente el maestro: “¿Dios realmente creó todo lo que existe? “Sí señor, respondió el joven”.  El profesor, dijo: “Si Dios creó todo lo que existe, ¡entonces hizo el mal, ya que el mal existe! Y si decimos que nuestras obras son un reflejo de nosotros mismos, entonces Dios es malo, porque el creo el mal”.  El joven se calló frente a la respuesta del maestro, que se regocijaba de haber probado que la fe era un mito.

Otro estudiante levantó la mano y dijo: “¿Puedo hacerle una pregunta?” “Sí, fue la respuesta del profesor. El joven preguntó: “Profesor, ¿el frío existe?” “Lógico que existe, ¿o acaso nunca sentiste frío?”, respondió.

El muchacho imperturbable dijo: “en realidad, señor, el frío no existe. Según las leyes de la Física, lo que consideramos frío, en verdad es ausencia de calor. Todo cuerpo es factible de estudio cuando posee o transmite energía; el calor es lo que hace que este cuerpo tenga o transmita energía. El cero absoluto es ausencia total de calor; todos los cuerpos quedan inertes, incapaces de reaccionar, pero el frío no existe. Nosotros creamos esa definición para describir de qué manera nos sentimos cuando no tenemos calor”.

“Y, ¿existe la oscuridad?”, prosiguió el estudiante. El profesor dijo: “por supuesto que existe. ?El estudiante respondió: “la oscuridad tampoco existe, en realidad, es ausencia de luz. La luz la podemos estudiar, pero la oscuridad, no. A través del prisma de Nichols, se puede descomponer la luz blanca en sus varios colores y diferentes longitudes de ondas, pero eso es imposible con la oscuridad. ¿Cómo podemos saber cuán oscuro está un espacio? Solo con base a la cantidad de luz presente allí, porque la oscuridad es una definición utilizada por el hombre para describir qué ocurre cuando hay ausencia de luz”. Finalmente, el joven dijo: “profesor ¿El mal existe?” y este respondió: “Por supuesto, como afirmé al inicio, vemos robos, crímenes, violencia en todo el mundo, esas cosas son del mal”.

El estudiante, dijo: “No Señor, el mal no existe o por lo menos no existe por sí mismo. El mal es simplemente la ausencia del bien…  De conformidad con los anteriores casos, el mal es una definición que el hombre inventó para describir la ausencia de Dios… Él no creó el mal, este es el resultado de la ausencia de Dios en el corazón de los hombres. Es igual a lo que ocurre con el frío cuando no hay calor o con la oscuridad cuando no hay luz”….  El joven fue aplaudido de pie por los demás alumnos y el maestro, permaneció en silencio. El director de la Universidad miró al joven y le preguntó: “¿Cuál es tu nombre?” “Albert Einstein”, respondió humildemente el joven.

Como decía Marco Aurelio: “Mira dentro de ti… allí está la fuente del bien y jamás termina si la vas ahondando”…

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