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El milagro de la Tizná

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El milagro de la Tizná
El milagro de la Tizná

Las leyendas urbanas son fábulas populares que corren de boca en boca como si fueran ciertas…

En 1653 un misterioso rayo mató a tres niños en el pueblo de Jerez del Marquesado y causó daños a la iglesia. Se dice que su patrona, Nuestra Señora de la Purificación, obró el milagro de devolver a la vida a los pequeños. Esta es su historia y leyenda:

El 18 de junio de 1653, mientras en la Iglesia de Jerez del Marquesado se celebraba el natalicio de San Marcos y San Marceliano, un rayo que pareció encender toda la villa con su resplandor, cayendo en la torre de la iglesia con gran estruendo. Tal fuerza destrozó una cruz de madera

presuntamente milagrosa. Pero la cosa no había hecho más que empezar, ya que aquel rayo se transmitió por toda la torre, donde se fragmentó en dos. Uno surcó el capitel, atravesó la muralla y pasó por la sacristía para terminar en el altar mayor, donde impactó contra la imagen del Santísimo Cristo. Según reza un documento, “le quebró tres dedos, contando desde el pequeño y llegó hasta el tabernáculo del Santísimo Sacramento, en cuya cima estaba un Santo Niño Jesús, a quien le rompió una corona de plata y el brazo derecho y le quemó el barniz de la mejilla y de la garganta”. Después de cometer tales destrozos, el terrible rayo se consumió tras romper el arca del Sacramento y la puerta del Sagrario así como cuadros, candelabros y manteles, que allí se encontraban.

El asunto no habría pasado a mayores de no ser porque el otro fragmento del rayo tuvo un inoportuno encuentro con tres niños del pueblo, que estaban tocando las campanas de la iglesia.

“Alonso, Juan y Bartolo,  quedaron como muertos. Tenía Juan abrasado el vestido y Alonso un agujero por la parte de la espalda como de bala, quemado alrededor y de olor pestífero”, afirma el mismo escrito redactado por el párroco Francisco de Moya.

Tras dejar muertos a los tres niños, el rayo siguió su marcha hacia el interior de la iglesia, donde destrozó el suelo de la torre, ventanas y muros, saliendo finalmente por la parte trasera de la capilla y, después de destruir diferentes enseres, se hundió a los pies de la imagen de la Virgen, como desafiándola.

Curiosamente, tres décadas antes un rayo similar, pero de menor potencia, había entrado por uno de los ventanales del templo y había caído a tan solo un palmo del lugar donde había impactado este, de modo que se podía ver la huella ennegrecida del primero. ¿Dos rayos rendidos justo a los pies de la mítica talla? Lo extraño del asunto deja poco lugar al simple azar. “Bajaron a los niños a la iglesia y, puestos ante la Santísima Imagen de la Purificación, fueron grandes los clamores, los llantos y las súplicas que hacían sus madres y otras mujeres. Todos los vecinos, absortos y atemorizados, fueron a la iglesia a pedir misericordia a Dios, creciendo el llanto y las lamentaciones.

Poco después los niños volvieron en sí, atónitos y asombrados. Se miraron desnudos y se les halló en las carnes unas cintas moradas, como sangre seca. Fue grande las alegría y las voces que se mezclaron en aquella confusión viendo vivos a los niños”, relata el testimonio reflejado en las ajadas páginas del manuscrito. Tres niños muertos, destrozados por el impacto de un rayo, vuelven a la vida como si nada hubiera pasado gracias a la mediación de una imagen ya reconocida como milagrosa por aquel entonces pero, a raíz de lo cual, su fama se extendió de manera veloz.

Hubo un detalle que resulta tan curioso como revelador: el rostro de la imagen que se convertiría desde aquel día en patrona del pueblo apareció tiznado tras la curación de los niños, como si de forma sobrenatural hubiera absorbido el daño causado a los pequeños por aquel rayo maldito. Por ello, y hasta el momento actual, la talla es conocida popularmente por el apodo de La Tizná.

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