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El poder de la indiferencia

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Tab Machado

La gente cree que el amor y el odio son los sentimientos más intensos y significativos que existen en el mundo, sin embargo hay uno más agudo, profundo y lacerante, que pocos le prestan atención pero que sacude a quien lo padece y ese es la indiferencia. Las personas aceptan amar o ser amadas, odiar o ser odiadas, pero no aceptan recibir de otro ser humano la indiferencia, prueba de ello es que existe un refrán popular que dice: “no importa que se hable bien o mal de mí, sino que se hable de mí”…

Cuenta una historia al respecto, que en el patio de una casa descansaba un hombre anciano cuyo rostro inspiraba una mezcla de misericordia y firmeza. Kalil era su nombre y sus palabras parecían brotar como un manantial de sabiduría. Un día que se hallaba meditando se presentó ante el umbral de su jardín, un joven que dijo: “¿Puedo pasar?” “La puerta

está abierta”, respondió Kalil.

El joven, acercándose, le dijo: “Me llamo Maguín y soy artista. Mi trabajo es sincero y pleno de sentimiento, sin embargo tengo un gran problema: me atormentan las críticas que se hacen sobre mi obra y mi persona. Vivo obsesionado por las descalificaciones de los críticos de arte y por más que trato de que no me afecten, me acaban esclavizando… Sé que eres hombre sabio y tu fama de sanador alcanza los horizontes más remotos. Dicen también que tus remedios son extraños y sin embargo no me falta confianza para acudir a Ti, a fin de conseguir la paz que tanto necesito”.

Kalil, mirando al joven, le dijo: “Si quieres realmente curarte, ve al cementerio de la ciudad y procede a injuriar, insultar y calumniar a los muertos allí enterrados. Cuando lo hayas realizado, vuelve y relátame lo que haya sucedido”.

Ante esta respuesta, Maguín se sintió esperanzado y aunque se hallaba un tanto desconcertado por no entender el porqué de tal remedio, se despidió y salió raudo de aquella casa.

Al día siguiente, se presentó de nuevo ante Kalil. “Y bien ¿Fuiste al cementerio?”, le preguntó éste. “Si”, contestó Maguín decepcionado.  “¿Que te contestaron los muertos?” “Pues no me contestaron nada, estuve tres horas profiriendo toda clase de críticas e insultos y  ni se inmutaron”.

El anciano, sin variar el tono de su voz, le dijo a continuación: “Escúchame atentamente. Vas a volver al cementerio, pero en esta ocasión vas a dirigirte a los muertos profiriendo todos los elogios, adulaciones y halagos que seas capaz de sentir e imaginar”.

La firmeza del sabio eliminó las dudas del joven artista por lo que, despidiéndose, se retiró de inmediato. Al día siguiente Maguín volvió a presentarse en la casa de Kalil mas decepcionado que nunca…  “¿Y bien?” “Nada”, contestó Maguín muy abatido, “durante horas he articulado los elogios y elegías más hermosas acerca de sus vidas y destacado cualidades generosas y benéficas que difícilmente pudieron oír en sus días sobre la tierra y nada… no pasó nada. No se inmutaron, ni respondieron. Todo continuó igual a pesar de mi entrega y esfuerzo. Me siento decepcionado. Así que… ¿Eso es todo?”, preguntó el joven con cierto escepticismo.

“Si” Contestó Kalil. “Eso es todo… Primero aprende que la indiferencia es el sentimiento más difícil de absorber y asimilar, dado que no tiene expresión ni positiva, ni negativa. Así debes ser tú, Magín; indiferente como un muerto a los insultos y halagos del mundo, porque el que hoy te halaga mañana te puede insultar y quien hoy te insulta mañana te puede halagar. No seas como una hoja a merced del viento de los halagos e insultos. Permanece fiel a Ti mismo, más allá de los claros y los oscuros del mundo”.

La indiferencia es un estado del ánimo en el que no se siente inclinación ni rechazo hacia alguien, por lo que pasa a ser el más incisivo y penetrante de los sentimientos.  Por eso no malgastes tu vida odiando a alguien ya que seguramente eso te hará perder energía y amargarte, más bien permanece fiel a ti mismo y se indiferente  antes que expresar rechazo, lo que te permitirá enfocar toda tu energía hacia un mundo más positivo…

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