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El poder de una buena acción

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En un mundo frío, materializado al máximo, escuchar de buenas acciones refresca el alma y alegra el espíritu. Si nos diéramos cuenta de que el verdadero heroísmo no consiste tanto en hacer algunas obras aisladas y extraordinarias durante la vida, sino en vivir intensamente cada obra del día, cada acción y cada momento como si fuera el último o como si de ellos dependiera el destino de la humanidad, la mitad de los problemas de la sociedad actual se verían reducidos a su mínima expresión o, tal vez, desaparecerían. La solidaridad es el único remedio real para cambiar este mundo indiferente y artificial que ha creado el hombre, en donde la individualidad puede siempre más que el carácter colectivo.

Teresa de Calcuta decía que “a los niños, los pobres, a los que sufren y están solos, bríndales siempre una sonrisa alegre. No les brindes sólo tus cuidados, bríndales también tu corazón. Tal vez no podamos dar mucho, pero siempre podemos brindar la alegría que brota de un corazón lleno de amor”.

Todos deberíamos de interesarnos mucho más por ser solidarios y fraternos con nuestros congeneres y de sumar obras que dejen un legado positivo en esta vida. Si todos sumáramos y pusiéramos nuestro granito de arena en forma solidaria quizás un nuevo mundo podría aflorar.

Cuenta una historia que un picaflor, parado al lado de una paloma, le preguntó a esta: “¿Puedes decirme cuánto pesa un copo de nieve?”. “Nada”, fue la respuesta de la paloma.

“Si eso es lo que piensas (respondió el Colibrí),  que no pesa nada, te voy a contar una historia: el otro día me posé en la rama de un pino, cerca de su tronco. Hacía frío y comenzó a nevar mansamente.  No era una de esas ventiscas terribles que azotan los árboles y los retuercen dolorosamente. Nevaba como un sueño, sin violencia, sin heridas. Como no tenía nada que hacer, empecé a contar los copos que caían sobre la rama. Había contado exactamente 3,741,902 copos, cuando cayó el siguiente, sin peso alguno, como tú dices y quebró la rama”, dicho esto, el colibrí levantó el vuelo y se fue.

La paloma se puso a reflexionar y, pasados unos minutos, se dijo: “Quizás tan sólo sea necesaria la colaboración de una persona más para que la solidaridad se abra camino en el mundo”…

Tú solo no vas a componer esta sociedad, pero brinda el aporte que te toca. Haz lo que debes hacer, trabaja con ilusión y cumple con tu deber aunque no veas los resultados. Sé responsable  y amable aunque los demás no lo sean. Recuerda que muchas veces un saludo cordial, una palabra de aliento, una sonrisa o un abrazo, pueden cambiar una vida…

 

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